Por: Antonio Casale

Respetar a los jugadores

No aguantó más el buen Evra. A sus 36 años, con una gran carrera a sus espaldas que incluye haber sido estelar de la selección de Francia, el Manchester United y la Juventus, entre otros, y tras conseguir una Champions, cinco ligas Premier de Inglaterra y tres títulos de Serie A italiana, la lógica diría que se ha ganado el respeto eterno del mundo del fútbol. Pero ya sabemos, este deporte es cualquier cosa menos justo.


El jueves pasado no soportó más los insultos de los hinchas de su propio equipo, el Olympique de Marsella, que bajaban de la tribuna en medio del partido que los enfrentaba al Vitoria Guimaraes por la Europa League. Esa noche perdieron y aunque su equipo no va mal (marcha segundo en el grupo y en la liga local es quinto), los hinchas esperan que vayan mejor, como corresponde con la historia de los grandes.


Esta vez Evra no estaba en la cancha. Estaba en la pista atlética con sus compañeros. Sus 36 años comienzan a pasar factura. Los 21 títulos conseguidos ya no son suficientes para asegurarle un puesto en la titular. Pero el buen Evra no puede retirarse de la actividad deportiva todavía, aunque es evidente que ya no disfruta el juego. Hace poco le preguntaron por qué insistía en seguir. La respuesta sorprendió. “Todavía no puedo parar de jugar. Tengo 24 hermanos y hermanas que alimentar. Tengo que seguir corriendo”. Lo de siempre, un jugador de fútbol termina su carrera cuando los demás apenas están comenzando sus mejores días. Normalmente no tienen claro a qué dedicarse, no tienen una formación académica y mucho menos una preparación psicológica para cambiar de vida. Además, sus familias dependen de ellos, en este caso una bien numerosa.


Se juntaron sus frustraciones y estalló. La patada voladora que le metió a un hincha que lo insultaba en la tribuna le ha dado la vuelta al mundo en video. Seguramente el aficionado es tan o más frustrado que Evra. No de otra forma se explica que muchos se crean con el derecho de insultar sistemáticamente a los demás sólo por el hecho de haber comprado una boleta.


Este es un juego que mueve pasiones. Uno no espera que los espectadores se comporten como en un partido de tenis en Wimbledon. Pero aunque está mal el hecho de haber reaccionado violentamente, cosa que le produjo la suspensión inmediata de la disciplina de su club, ya era hora de que la comunidad reprochara a los violentos verbales, representados en este caso por la “víctima” de Evra.


El comunicado en el que el club hace oficial la suspensión condena el comportamiento del seudoaficionado y el sindicato de jugadores franceses no pudo ser más claro: “Condenar a Evra y no condenar a algunos energúmenos, supuestos aficionados, supone darles todos los derechos y la razón”.
Es hora de hablar de deberes y dejarlos claros. Los jugadores merecen respeto. Todos merecemos respeto.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale

Jugar los clásicos

La última final

El recreacionista

Dayro y Manga no son los culpables

Los Nicolases, los “e-gamers”