Por: Juan Carlos Gómez

Respeto a los jueces, por favor

Es un gusto llegar al edificio Cuartel del Fijo, la hermosa sede de varios despachos judiciales en Cartagena de Indias. Al entrar nos recibe un patio magnífico al aire libre con exuberante vegetación tropical. En su centro se erige dignamente una estatua blanca que representa a la diosa de la justicia. Lamentablemente la espada que alguna vez sostuvo la diosa ya no existe; solo queda la empuñadura, falta su hoja. Al preguntar, nadie supo decir si se cayó o se la robaron. El hecho es que está mocha esa espada que, según se lee en letras negras en su pedestal, simboliza la fuerza, el coraje y el orden; eso mismo que perdió la justicia en Colombia. Una tragedia.

Más allá de la ola mediática del escándalo de corrupción, la verdad es que el desastre viene desde las más profundas raíces de nuestra rama jurisdiccional. Condenar por su venalidad a cinco o seis magistrados no va a resolver el problema. Algunos tremendistas han propuesto destituir todas las cortes. Eso no serviría de nada.

Tampoco servirían más altas comisiones de sabios, ni jueces de descongestión y más y más recursos. El problema es que en Colombia casi nadie cree en el Derecho y se necesitarán al menos dos generaciones para que eso cambie.

La creación de jurisdicciones especiales, la atribución de funciones judiciales a autoridades administrativas y el endiosamiento de la justicia arbitral han sido soluciones facilistas que distrajeron a las instituciones y a los abogados de la tarea de construir un sistema judicial sólido y eficiente.

Históricamente los presidentes de la República, el Congreso y los políticos han pisoteado el Derecho, unos por su delirio de pasar a la historia y otros para que no les estorbe en su sed de poder. Deberían haber dado ejemplo de respeto a la juridicidad que en vano juran defender.

En este mismo, momento cuando se generaliza de manera irresponsable la diatriba contra nuestros jueces, no hay que olvidar el trabajo diario de miles de funcionarios judiciales de todos los niveles que, aún en medio de precarias condiciones, dictan justicia rectamente. Respeto para ellos. Al fin y al cabo son los únicos que pueden salvarnos.

@jcgomez_j

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Carlos Gómez

Guerra contra la creatividad colombiana

Las TIC, crisis de identidad

Las noticias tontas

Los milagros económicos no existen

El gabinete en la sombra