Por: Columnista invitado

Restauración ecológica y paz

En estos 65 años de guerra también se han degradado los ecosistemas y estos procesos de deterioro físico han aumentado el sufrimiento de los campesinos y han disminuido la productividad agrícola.

 Los millones de desplazados, concentrados en pocas ciudades, han aumentado el consumo y la contaminación de las fuentes más importantes de agua limpia, cientos de miles huyendo de la guerra han deforestado las vertientes y aumentado así la erosión y las inundaciones, los cultivos se han abandonado y sustituido por ganaderías que maltratan los suelos, la guerra en las selvas ha disminuido las poblaciones de fauna silvestre afectando la oferta de caza en los resguardos indígenas, los productores de cocaína se han ubicado en las más valiosas reservas de biodiversidad y sus laboratorios contaminan las aguas y afectan la fauna. La utilización de químicos para eliminar los cultivos de uso ilícito sin duda afectó y afectará las funciones ecológicas. La quiebra actual del campo es, en parte, consecuencia de estos procesos de deterioro ecosistémico.

No es entonces extraño que los ambientalistas deseemos la paz y hagamos lo posible por alcanzarla pero como somos realistas no podemos olvidar que los espacios rurales colombianos ya no son lo que fueron antes de que se iniciaran las contiendas armadas. A las consecuencias personales, sociales, políticas y económicas de las guerras debemos agregar las consecuencias físicas y biológicas, los cambios en los ecosistemas, normales por décadas de explotación pero acelerados y agravados por las malas practicas, por los rompimientos del orden social, por los extremos forzados por la angustia y la corrupción, por los impactos indirectos del uso masivo de explosivos y químicos.

Esta situación puede ser un obstáculo para las proyecciones del campo como ámbito en donde es posible acordar la reconciliación pero también, si se analiza con suficiente profundidad, podría ofrecer posibilidades de acciones conjuntas extraordinariamente favorables para lograr la paz. La restauración ecológica del campo podría ser considerada como instrumento para generar masivamente empleo productivo.

Durante los últimos años varias universidades y organizaciones no gubernamentales han realizado numerosas experiencias de restauración ecológica de terrenos deteriorados por la minería, la contaminación, la erosión o por simplemente, por el uso agropecuario intenso. En el año 2010 se estableció un plan nacional de restauración de ecosistemas que no ha avanzado con suficiente rapidez y que hoy podría ser fortalecido si se propone en la Habana como un conjunto de acciones para transferir dineros a campesinos pobres que restauraran sitios específicos. Una serie de estos proyectos podrían generar en el mediano plazo mucho más bienestar social que el programa general de subsidios que algunos proponen.

*Julio Carrizosa Umaña

 

 

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