Por: Columnista invitado

Restaurante Estancia San Antonio en Guasca

El gustazo de comer en un restaurante rural con calidad gourmet, en el vecindario de la capital colombiana.

 Sus dueños manifiestan que la selección del menú es muy sencilla, pues preparan lo que a ellos les gusta comer, y afortunadamente, su gusto es buenísimo y suficientemente variado. A poco más de una hora de Bogotá, vía La Calera, unos 5 kilómetros más adelante de Guasca, y por la carretera hacia Gachetá, está la hermosa finca que además ofrece posada con cinco habitaciones, spa, alquiler de caballos, lago con truchas, animales, vivero y huerta, todo ello propiedad de una familia venezolana radicada en nuestro país.

A unos 2.800 metros de altura, la vista desde allí es tan amplia que se puede disfrutar el paisaje de montañas y valles hasta unos 50 kilómetros a la redonda. Al llegar el impulso inmediato es el de dar una caminata dentro de la finca o los alrededores para reconfortar el espíritu, relajar los músculos, abrir el apetito, y así entusiastas dirigirse a su restaurante. Nos encontramos con un hermoso y grande chalet en madera y vidrio, un lugar cálido, y con un menú elaborado con ingredientes orgánicos y obviamente fresquísimos, de la huerta al plato. La atención a la mesa es cálida y abierta por parte de todos sus empleados y de la familia anfitriona.

En esta primera ocasión nos inclinamos por las carnes rojas, y probamos el codo abrazado de cerdo, con chucrut y papas, espectacular, quizás de los mejores codos que se puedan conseguir en Bogotá y alrededores, su carne roja y el cuero dorado crocante es de un sabor y aroma inolvidables. Se merece un fuerte aplauso. Tienen otra versión igualmente deliciosa llamada Alta Baviera, con adición de salchichas alemanas. Estas delicias culinarias son resultado de la inmigración alemana al país hermano y particularmente asentada en la denominada Colonia Tovar.

La visita a este lugar en el mes de diciembre nos antojaba probar el plato navideño venezolano, con la tradicional hallaca, el pan de jamón y la ensalada de gallina. Nos sorprendió muy gratamente la hallaca, francamente deliciosa, una especie de tamal plano en forma rectangular, rellena de pollo, res y cerdo adobados con panela, alcaparras, pimentón y aceitunas. Un plato pleno de orgullo e identidad gastronómica.

 Crítico gastronómico/ Indicador CLAP (calidad-local-atención-precio) otorgado al restaurante: MUY BUENO. /

 

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