Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Restaurar: una opción económica y ecológica

Vivimos en un país de grandes contrastes.

Colombia cuenta con el mayor índice de biodiversidad por unidad de superficie en el mundo y más del 50 % de su extensión tiene cobertura boscosa; no obstante, cerca del 40 % del territorio presenta algún grado de erosión. Las tierras deforestadas, degradadas por el sobrepastoreo y las prácticas agrícolas inapropiadas, no sólo se vuelven improductivas con el tiempo, también comprometen la biodiversidad, los recursos hídricos y otros servicios ecosistémicos.

La erosión de los suelos es un fenómeno que se extiende por toda Latinoamérica y el Caribe (LAC). Según un informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), presentado el pasado 28 de octubre en Washington, hay más de 650 millones de hectáreas de tierras degradadas en LAC, las cuales, al ser restauradas, podrían generar beneficios económicos y ambientales y convertirse en una oportunidad de inversión para gobiernos, agroindustrias y campesinos.

El WRI estima que la iniciativa regional 20x20, de restaurar 20 millones de hectáreas para el 2020 en LAC, podría traer beneficios netos cercanos a 23 billones de dólares, en los próximos 50 años. Los costos de restaurar la tierra son muy inferiores a los beneficios que podrían resultar de usos sostenibles en suelos recuperados. Colombia tiene el compromiso de restaurar un millón de hectáreas como parte de la iniciativa 20x20. Si esto se lleva a cabo, se pueden generar grandes beneficios para la ruralidad colombiana mediante, por ejemplo, la implementación de sistemas ganaderos silvopastoriles (mezcla de árboles y pastos); de cultivos de café de sombra; de programas de agro y ecoturismo; de cultivos de árboles maderables y productos derivados; de productos medicinales, frutas, nueces y otros cultivos asociados a la biodiversidad. A esto podemos agregar las compensaciones o “bonos” por fijación de carbono. El informe del WRI estima que los propietarios de la tierra pueden beneficiarse, de un aumento, del valor del suelo, cercano a 1.140 dólares por hectárea, mediante la restauración de tierras degradadas en LAC.

Según el investigador colombiano Wálter Vergara, quien es el autor principal del estudio del WRI, “la tierra degradada e improductiva es un lastre tanto para los agricultores locales como para las economías nacionales, pero también representa una enorme oportunidad. El análisis económico del WRI muestra que, mediante la restauración, podemos hacer que la productividad vuelva a la tierra. La restauración no sólo se paga por sí misma, sino que crea miles de millones de dólares de valor adicional, trae beneficios ambientales y representa una gran oportunidad para el almacenamiento de carbono y por lo tanto a los esfuerzos de mitigación del cambio climático”.

El informe identificó, asimismo, la disponibilidad de recursos financieros públicos y privados por 1,15 billones de dólares para financiar iniciativas de restauración. Este informe señala que existen numerosas firmas inversionistas interesadas en financiar, como parte de su esquema de negocios, iniciativas enfocadas en procesos de restauración de suelos. Se trata de una ventana de oportunidad financiera con ventajas innegables.

El informe del WRI genera optimismo y es un argumento adicional para seguir avanzando en la construcción de una paz estable, duradera y sostenible en nuestra Colombia rural.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR