Por: Ernesto Yamhure

Resucitó el fantoche

AQUEL 31 DE JULIO DE 2006 SE CONStituyó en una fecha espectacular.

El mundo era notificado del retiro del poder del más sanguinario de los dictadores latinoamericanos. Un escueto comunicado de prensa decía que el “comandante en jefe”, Fidel, dejaba para siempre la riendas de los destinos cubanos.

Aquello no significaba el fin de la dictadura implantada el primer día de 1959. Los Castro han convertido su prolongada estadía en el Palacio de la Revolución en una formidable oportunidad para hacer fortuna. La revista Forbes ha tasado en 900 millones de dólares el capital que ha amasado Fidel Castro durante los 51 años de tiranía.

Creíamos que el barbudo dejaría la Tierra aferrado a la colostomía que tuvieron que practicarle para extraer toda la podredumbre que en él habita. Parecía que su miserable paso por este mundo había llegado a su fin, pero el decir de las abuelas hubo de imponerse: hierba mala nunca muere.

De la nada resurgió el carcelero, el matón, el depravado que destrozó la dignidad del pueblo cubano. Se trata del mismo que cerró medios de comunicación, clausuró colegios católicos y expulsó a sacerdotes y religiosos de la isla. Fue él quien entrenó, alentó y armó a las guerrillas colombianas.

El “comandante en jefe” cuenta con un ejército de imbéciles que lo aplauden hasta el delirio, pretendiendo con ese gesto de insoportable zalamería, que el mundo olvide los campos de concentración en los que los presos políticos, al mejor estilo soviético, cumplen trabajos forzados. Cuando dejan de ser útiles por el desgaste físico al que son sometidos, los pasan al paredón de fusilamiento. Según diferentes investigadores sociales, en la tristemente célebre cárcel “La Cabaña” —considerada como el Auschwitz cubano—, han sido fusilados más de 100 disidentes políticos.

Los adolescentes no se salvan de la paranoia castrista que construyó el campo de concentración “Arco Iris”, donde caben cerca de dos mil jóvenes “descarriados” cuyo único delito consiste en soñar con que su país sea libre y democrático. Se trata de “peligrosos prisioneros” cuyas mentes no han sido presas de la alienación comunista.

Once millones y medio de cubanos soportan a la última dictadura de América que subsiste en buena medida por las jugosas transferencias de Hugo Chávez, el nuevo amigo de Juan Manuel Santos.

No nos equivocamos al decir que Fidel Castro es un perfecto fantoche. Un comunista ridículo que somete a su pueblo al hambre y a las peores vejaciones, mientras él vive plácidamente en una villa que cualquier capo de la mafia envidiaría tener. La resurrección de Castro vino acompañada de una serie de insultos al ex mandatario colombiano Álvaro Uribe. Parece que la fuente de información del dictador es alguien de las Farc, pues ha repetido al pie juntillas el discurso de los terroristas colombianos.

Resulta hilarante que un tirano que tiene a un indeterminado número de presos políticos en su poder, que llenó a la isla de campos de concentración, que hizo del suyo a un país policía, donde los niños denuncian a sus padres por desviarse de los preceptos doctrinarios del régimen comunista, tenga la desfachatez de tachar al presidente Uribe por supuestos crímenes que sólo existen en las mentes calenturientas de unos pocos fanáticos de la extrema izquierda.

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El execrable asesinato del dirigente sindical Germán Restrepo, presidente de Sintraempaques y tesorero de la CGT, pone en evidencia un siniestro plan de exterminio de dirigentes políticos y sociales afectos al uribismo. Es fundamental que las autoridades definan sin dilaciones quién o quiénes están urdiendo esta estrategia criminal.

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