Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

Retorno a los Montes de María

Hace ocho años tuve la oportunidad de conocer a quien desde entonces es mi héroe: don Jorge Quiroz, El Braco. Pero no solamente él es mi héroe: también lo es su gente, la gente de San Jacinto, Bolívar, en los legendarios Montes de María.

En esa época descubrí que, en mitad de una de las zonas más azotadas por la violencia, los sanjacinteños habían resistido a los horrores de la guerra a través de la gestión del Museo Comunitario de los Montes de María que El Braco dirige. Las artes y la cultura, gestionadas e impulsadas desde el museo, impidieron que se cercenara el tejido social, haciéndolo cada vez más fuerte y resiliente hasta el punto que, mientras muchas comunidades en el país fueron desgarradas por la guerra, esta, gracias a su cohesión fruto de su identificación con el territorio y su patrimonio, incluso en la adversidad, solidificó sus lazos de unión y sus procesos colaborativos. Fue tan emocionante y esperanzadora aquella visita y el encuentro con El Braco que incluso escribí una columna al respecto.

A principio de este año tuve la oportunidad de volver a San Jacinto. A pesar de todo lo bueno que había visto hace casi una década, aun entonces se cernían muchos peligros sobre esta región independiente y libre que le ha hecho frente a múltiples vicisitudes desde épocas coloniales.

Cuando llegué este año, un sol canicular castigaba los Montes de María. Era domingo y las puertas del museo estaban, como siempre, abiertas de par en par. Había algunos cuantos turistas deambulando aquí y allá. Algunos habitantes del pueblo estaban donando su tiempo de descanso para realizarle obras de mantenimiento al edificio. Don Jorge Quiroz, El Braco, alto y enjuto, supervisaba las labores. Al verme me saludó afable y, a pesar de que los trabajos no daban mucha espera y que mi viaje debía continuar rumbo a Cartagena, pudimos cruzar unas cuantas palabras.

Con la voz clara y sin premuras, la voz de quien conoce a la perfección el trabajo al que ha consagrado su vida, me contó cómo el museo ha ido creciendo poco a poco, embelleciendo lentamente los espacios de la casa señorial que lo alberga, y que las colecciones se presentan ahora de una forma más dinámica, conforme a las tendencias museológicas actuales. La tienda del museo además reúne los productos insignia de la zona: miel y café denominación de origen de los Montes de María; las sofisticadas hamacas grandes sanjacinteñas; los instrumentos musicales de la zona… don Jorge está satisfecho.

“¿Y los políticos...?”, le pregunté. Parece que el actual alcalde ha sido un incansable colaborador del museo y de sus proyectos, que el año pasado incluyeron varias excavaciones e investigaciones arqueológicas aprovechando las obras de ampliación de la carretera principal, así como más de 40 reuniones en barrios y veredas para empezar a definir, desde las comunidades, el riquísimo patrimonio cultural de la zona.

La quijotesca labor de don Jorge Quiroz y de su comunidad en el Museo Comunitario de los Montes de María ha logrado, a punta de tesón, constancia, paciencia e incluso resistencia, que sea la cultura la que incida en la política y no al revés. Las estructuras sociales así logradas, desde la base y con sólidos cimientos, son mucho más difíciles de corromper. Y son comunidades como esta las que, en medio del malestar, la altisonancia y chabacanería actual, para mí, mantienen viva la esperanza por tener finalmente un país adecuado para todos.

@Los_Atalayas, [email protected]

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2019-06-13T00:00:31-05:00

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