Por: Luis Carvajal Basto

Retos de un joven presidente

Estamos asistiendo a un cambio democrático  que permitió a la, hasta hace pocos meses, oposición,  acceder al gobierno, pero nuestros desafíos como nación siguen vigentes. ¿Hasta dónde llegará Duque?

Salvo para quienes no pretendían un cambio en la orientación del gobierno o en la disposición de recursos y políticas, sino uno del sistema, el giro político del país en apenas unos meses es  un hecho notable. Al margen de visiones encontradas sobre matices  de los acuerdos con las FARC, eje del discurso con que ganó el Centro Democrático, persisten diferencias de fondo en cuanto al tamaño del Estado y  su eficiencia; la crítica del “Estado derrochón” que   ahora debe convertirse en políticas públicas  para promover  bienestar y crecimiento. Veremos.

La primera camisa de fuerza del gobierno entrante es la situación fiscal que condiciona su capacidad de intervención. Reducir  inversión y  gasto público puede ser recesivo siendo más complejo, cuando menos para la gobernabilidad en la opinión, aumentar los niveles y la base impositiva, cosa que en el mediano plazo puede ser inevitable; tanto, como una reforma a un régimen de pensiones al que muchos colombianos aportan para que solo muy pocos puedan recibir grandes mesadas, una fórmula explícita e institucionalizada  de desigualdad.

Por otra parte, no debe ser tan popular como indispensable la reducción de  “mermelada” entre  políticos a los que Duque deberá recurrir para afirmar su hasta ahora precaria gobernabilidad en el congreso que, finalmente,  logrará. La situación planteada hasta hoy, con el “distanciamiento” de Cambio Radical y sectores de la U, parece un forcejeo natural luego del gabinete “autónomo” que nombró. Pero, de mantenerse la tensión en el congreso, ¿Cuánto durará este primer equipo de gobierno?

Sería ideal conseguir eficiencia en el gasto público reduciendo los niveles de corrupción. Este es un pendiente no solo del gobierno entrante sino de los colombianos. A propósito ¿Dejara Duque   la bandera de la lucha contra la corrupción en manos de la nueva oposición? ¿De qué manera pasará de los discursos a los hechos?

Desde la perspectiva de la lucha anticorrupción y eficiencia en el uso de los recursos públicos se debe adelantar, más allá del saludo a la bandera  que representa la próxima consulta,  una reforma administrativa  al sistema de salud. Los críticos per se de la ley 100 olvidan la precariedad en la prestación del servicio antes de ella. Un análisis comparativo, incluyendo países desarrollados  como  Estados Unidos, no puede desconocer  los avances del país en la materia  ni sus logros en  universalización. La costosa  intermediación de las EPS y el desastroso  flujo de recursos, son objetivos alcanzables para el gobierno, desde el punto de vista  administrativo, sin que resulte indispensable, por ahora, otra reforma legal para conseguir  eficiencia en el sector.

El desafío educativo, buscando calidad y actualización  en el modelo (estamos en plena revolución digital y no en la de la máquina de vapor), comienza con  capacitación y mejoramiento en  las condiciones laborales de los  docentes; mayor  integración ciudadana y empresarial  en los proyectos educativos  y uso intensivo de nuevas tecnologías. En el caso de la oferta pública de educación  la propuesta virtual ha demostrado economía, calidad y eficiencia, utilizando una infraestructura que el país ya tiene a  disposición y  en la que ha invertido considerables recursos. Parece un contrasentido que luego de lograr más de 30 millones de conexiones de banda ancha   no se utilicen debidamente. También, que no tengamos, todavía,  un vice ministerio de educación virtual para avanzar  en la actualización y democratización del servicio, una necesidad que debe anteceder a  un ministerio de Ciencia y Tecnología.

La preservación de la Paz no es, y nunca ha sido, un problema “interno” por las características e influencia del negocio del narcotráfico. A la problemática interna  se suma  la compleja situación, permanentes   amenazas incluidas, desde  nuestra hermana Venezuela .Las dos requieren, como nunca antes, del apoyo internacional. Al nuevo canciller le corresponde  consolidar vínculos con países amigos buscando con ellos iniciativas y respuestas consensuadas.

Para avanzar en estas reformas, y en otras, Duque requiere mayorías en el congreso y  unidad en la ciudadanía, superando la polarización. Suerte; pulso, y buena comunicación, presidente. Los va a necesitar.

@herejesyluis

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Retos de un joven presidente

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