Por: Paloma Valencia Laserna

Retos políticos del uribismo

El uribismo no es Uribe; el expresidente encarna un proyecto político que lo sobrepasa, en el que confluyen muchos colombianos que comparten principios y visiones sobre el país.

El uribismo es, además, interesante para el análisis, pues las vicisitudes de la contienda política colombiana lo dejan en una situación muy peculiar.

Es la fuerza política mayoritaria en el país; ganó todas las elecciones: eligió a Santos quien había sido Ministro de Defensa y parecía el indicado sucesor de Uribe; la U eligió 76 congresistas, 260 alcaldes, 4 Gobernadores y obtuvo 2'551.342 votos para el Consejo; con el Partido Conservador eligió 58 congresistas, 193 alcaldes y un gobernador. Sin embargo hoy, prácticamente, carece de representación política: Santos tiene una agenda distinta, los congresistas hambrientos de mermelada lo siguen y así también los gobernantes locales endulzados por los recursos de las regalías; quedan muy pocos fieles al ideario. Esta situación no es sólo dramática para el movimiento político, sino que además plantea preguntas a propósito de la democracia, la representatividad y la vinculación de los electores con sus representantes.

La primera tarea hacia el futuro es la del partido. El Partido Conservador tiene unos Representantes a la Cámara que se reclaman –en palabra al menos- uribistas y unos senadores lejanos. En la U las cosas son más confusas. Era el partido de Uribe y sin embargo, si Santos participa en la reelección, lo hará a través de la U. Si en cambio, Santos persiste en la unificación liberal –que a estas alturas, con el enfrentamiento de Vargas Lleras y Gaviria, parece imposible- la U podría ser el espacio uribista. Pero sobrevendría el mismo problema que tienen los conservadores, salvo Juan Carlos Vélez y Miguel Gómez -que han sido consistentes con las visiones del expresidente que exigían rechazar el Marco Jurídico para la Paz y la Reforma a la Justicia- es un partido dominado por unos parlamentarios que fallaron ideológicamente y que el país identifica como traidores.

La conformación de un nuevo partido no será difícil, pues las firmas serán suficientes al igual que los resultados electorales, pero sobrevive la pregunta de cómo podrán ser elegidos esos pocos congresistas uribistas atrapados en otros partidos. Se dice que el uribismo podría apoyar varias listas, incluida la del nuevo partido. Aquello sería un error. El uribismo tiene que responderle al país con una sola lista de candidatos con profundidad intelectual, moralidad intachable y compromiso ideológico, que le devuelvan a Colombia un Congreso capaz de debatir con criterio y fortaleza; de otorgarle dignidad a las relaciones del legislativo con el ejecutivo y de representar a los electores colombianos con una voz en alto. El expresidente debe apostarle, con los uribistas, a una trasformación de la política; y protegerse de esa clase política sin principios.

Los opositores de la causa hablan de la tercera reelección de Uribe; sostienen que la propuesta de una Constituyente apuntaría a la modificación de la Constitución para lograrlo. El mecanismo sería legítimo, pero no encuentro en el expresidente esas intenciones, él ha señalado la necesidad de la Constituyente pero excluyendo su reelección. No veo a Uribe como el obsesivo de poder que pretenden dibujar; es un líder que seguirá en la batalla política en tanto sus banderas –que son las de la mayoría de colombianos- sean irrespetadas por los elegidos con sus votos; es un acto de responsabilidad con quienes confiaron en él y siguieron las indicaciones de votar por Santos.

Uribe no quiere ser presidente, quiere un presidente capaz de continuar con los principios que inspiran al uribismo y que garantizan la libertad, la democracia y el futuro de Colombia. Tampoco sería deseable un candidato a través del cual el expresidente pueda gobernar “en cuerpo ajeno”. Aquello supondría que este movimiento es un himno a una persona y no a las ideas. El uribismo necesita un candidato seguro y comprometido; que ejerza como presidente y reciba, como debería hacerlo cualquiera, los consejos de un expresidente que supo cumplir con su tarea y que conserva la simpatía de los colombianos. Además el candidato tendrá que ser elegido pronto, se debe evitar una lucha interna que termine por fragmentar en vez de unir.

El uribismo no puede equivocarse; no sólo está en juego el poder para conducir el rumbo de la nación, sino la continuidad misma del movimiento político. Si los uribistas eligen un presidente que no responda a las expectativas nacionales, el uribismo morirá; se convertirá en el culto a una sola persona y no tendrá como continuar en el tiempo.

@PalomaValenciaL 

 

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