Por: Eduardo Sarmiento

Revaluación mal entendida

Luego de siete años de anuncios de medidas para enfrentar la revaluación, se ha vuelto a las mismas. En reunión reciente el Gobierno y el Emisor anunciaron que ahora sí detendrán la anomalía. Los fracasos reiterados dejan al descubierto un grave error teórico.

El equipo económico de la administración anterior giró alrededor de la tesis de que la revaluación se origina en el déficit fiscal y que las decisiones de intervención en el mercado cambiario son temporales para calmar a los exportadores y los gobiernos.

Tan cierto es esto, que el Gobierno dio por dado que el problema de revaluación se resolvería con la regla fiscal y, por eso, suspendió las intervenciones. Ahora, cuando el dólar está en $1.800 con todos los visos de continuar bajando, el nuevo Gobierno se ha precipitado a conminar al Banco de la República y exigirle que vuelva a intervenir.

La verdadera explicación de la revaluación es la inundación de dólares causada por la tasa de interés cero de EE.UU. y la modalidad de cambio flexible. De entrada, los inversionistas obtienen en Colombia un rendimiento en 5 puntos superior al de Estados Unidos y, luego, el ingreso de divisas presiona la revaluación e induce el alza de las acciones. Así, la rentabilidad en dólares de las acciones en Colombia en los últimos ocho meses es de 28%, la más alta del mundo. Mientras persistan esas condiciones que se pueden acentuar por la recaída estadounidense, existirá un estímulo infinito para traer divisas.

Con este diagnóstico, la solución no es distinta a la de la intervención masiva del Emisor en el mercado para adquirir los excesos de divisas con recursos de emisión y bajar la tasa de interés de los TES. El expediente eliminaría la abundancia de dólares y, más aún, podría inducir una devaluación sistemática que compense la diferencia entre los rendimientos internos y externos, y se sostenga por sí sola.

La tarea no puede realizarse con la presencia esporádica del Banco de la República. Los especuladores comprarían las divisas cuando el Emisor interviene y sube la tasa de cambio, y tan pronto éste deja de operar, venderían las divisas precipitando la caída del tipo de cambio.

La viabilidad de la operación está condicionada a que el programa de compra de divisas se mantenga independiente de la expansión monetaria, bien mediante la adopción de un tipo de cambio fijo ajustable o de un anuncio explícito.

Lo grave es que la revaluación es parte fundamental del modelo de inversión extranjera, que fue el pilar central de la administración Uribe. Al igual que sucedió antes de la crisis, la revaluación es el motor de expansión de la economía. La recuperación se explica por el aumento de la producción minera, la explosión de las ventas de automóviles y el aumento de la productividad industrial impulsado por la sustitución de mano de obra por importaciones. En el momento que se detenga la revaluación, estas condiciones dejarían de existir, la burbuja se reventaría y el crecimiento recaería.

La eficacia de la intervención en el mercado cambiario para revertir la revaluación requiere apartarse de las visiones predominantes de los últimos diez años. Significaría abandonar la inversión extrajera y la revaluación como motor de crecimiento y adoptar como prioridad del Banco de la República el control del tipo de cambio.

 

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