Por: Catalina Uribe

Revaluemos nuestro juicio

En los años 70 las cinco orquestas más importantes de EE. UU. tenían solo un 5 % de mujeres músicas. En ese entonces se argumentaba que la baja cuota femenina no era discriminación, sino que los hombres eran superiores y se habían desempeñado mejor en el proceso de admisión. Fue por esa época cuando se propuso hacer las famosas audiciones a ciegas, donde los candidatos tocaban sus instrumentos detrás de una cortina en donde los jurados no podían verlos.

Los números no variaron al inicio; seguía habiendo una arrolladora mayoría de hombres. Pero en seguida a algunas orquestas se les ocurrió que los músicos entraran sin zapatos para que no se pudiera oír el sonido de los tacones de las mujeres. Esta vez los resultados cambiaron radicalmente y los chances de que una mujer pasara la primera fase aumentaron en un 50 %. Hacia finales de los años 90 ya había al menos un 30 % de mujeres en las orquestas y la proporción siguió nivelándose.

En días pasados se dio un debate alrededor de la nula participación de mujeres escritoras en un evento literario que se llevará a cabo en la Biblioteca del Arsenal en París. En una entrevista de W Radio, tanto algunos periodistas como la ministra de Cultura rechazaron la necesidad de fijarse e incluso de revaluar la ausencia de mujeres en el panel. Los seleccionados eran los mejores porque quienes los eligieron saben lo que hacen. Su evaluación fue, supuestamente, objetiva: ese panel refleja lo más representativo de Colombia y no un intento de discriminación positiva.

El experimento de las orquestas deja claro la necesidad de dudar de nuestro juicio. La mirada humana está siempre amañada. Para quienes no lo entienden por argumentos, un ejemplo para pensar por analogía. La experiencia de ser mujer se parece a la experiencia de ser colombiano en el exterior: es posible salir adelante, ser reconocido, y superar los obstáculos; pero de entrada, antes incluso de mostrar el propio trabajo, hay que demostrar que se es competente, serio, científico y honesto, pese a ser colombiano. Las mujeres tenemos que mostrar que somos buenas pese a ser mujeres. Y no sólo en el exterior, sino en todas las latitudes y todo el tiempo. El problema no es solo que haya un panel enteramente masculino, sino que sigamos creyendo que así sin más, sin ningún esfuerzo, sin ningún entrenamiento, a punta exclusiva de voluntad, podemos ser justos y objetivos.

 

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