Por: María Eugenia Martínez

Revitalizar el centro tradicional, un laboratorio de ciudad

Desde hace 30 años avanzan en América Latina los planes urbanos para los centros históricos, cuyo eje es recuperar el patrimonio cultural. Bogotá, con su Plan de Revitalización del Centro Tradicional, ingresó al Laboratorio de Centros de la Región. En estos procesos se busca superar las actuaciones dominantes en las intervenciones sobre el patrimonio del siglo pasado, para concebir la acción a partir de las redes y los tejidos urbanos y sociales, el sistema de espacio público y los paisajes culturales, con el enfoque integrador de “paisaje urbano histórico”.

En esencia, es un plan urbano estratégico que supera el tradicional “plan documento” para “planificar haciendo y hacer planificando”. Incluye, pero trasciende, la actualización de nuevos instrumentos para la protección del patrimonio cultural del centro histórico y sectores periféricos que constituyen su área de influencia inmediata. En la base de este enfoque está una comprensión del área como estructura cambiante y una visión del plan como proceso. El laboratorio creado permite experimentar desde la perspectiva de proyecto urbano, generando resultados concretos y paralelos al avance en la reflexión e identificación de nuevas iniciativas necesarias para el mejoramiento de la habitabilidad y la resignificación del centro.

El plan trabaja en la restauración monumental, la rehabilitación y el reciclaje de estructuras. Además de la recomposición morfológica que busca tejer las estructuras urbanas fragmentadas, a través de una nueva arquitectura que se inserte en los contextos consolidados. Los residentes, asociaciones comunitarias, negociantes e interesados en el futuro del centro participan en los diagnósticos y las soluciones a través de mesas de conciliación. Tres presupuestos bases son: la permanencia de la población y sus prácticas culturales, la mejora de la vivienda patrimonial de los sectores de más bajos ingresos (es la primera vez que el Distrito aplica subsidios de mejoramiento en el centro, en una experiencia piloto en la calle segunda del barrio Las Cruces) y la intervención urbana y social multiescalar, que significa que los proyectos van desde operaciones como las que implican las avenidas Jiménez y los Comuneros (de vivienda y espacio público) hasta la revitalización de los cafés del centro, la recuperación de los monumentos o el trabajo de “Cara limpia” de La Candelaria.

Con la ayuda de entidades como Hábitat, Integración Social y el BID (que aporta la estructuración financiera y sus sistemas de información), el plan lleva a cabo tres proyectos patrimoniales: prioritarios (focalizados en espacio público y patrimonio), de borde y transversales. Revitalizar el centro tradicional, con un deterioro heredado del 80% de sus estructuras físicas y múltiples problemas sociales y económicos, implica un arco de tiempo de cuatro administraciones. Es una exigencia la consolidación del proceso como política pública que trascienda el tiempo de la Bogotá Humana y convoque nuevos actores, para beneficio de la ciudad.

 

*María Eugenia Martínez

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