Por: Juan Carlos Gómez

‘Revivamos nuestra historia’

Isabelle Coutan-Peyre -la misma que se casó con el terrorista venezolano Carlos Ilich Ramírez (El Chacal)-, es la abogada francesa a quien las autoridades de la República Islámica de Irán contrataron para demandar a los productores de la película Argo, ganadora este año del premio Oscar. La acción judicial se fundamentaría en que la película ridiculiza a la guardia revolucionaria y desconoce los padecimientos de ese país por el apoyo de Estados Unidos al Sha Mohamed Reza Pahlevi, depuesto en 1979.

Los regímenes autocráticos no son los únicos que se molestan cuando se devela su historia o su realidad actual. ¿Por qué tratar de esconder la mugre debajo del tapete? El año pasado la Embajada española en Londres se quejó ante la BBC por el documental El gran crash español, que relata los efectos de su desplome económico. Enfocada en la pobreza que azota a la comunidad valenciana, describe crudamente la ineptitud y corrupción de sus dirigentes que, entre otras “gracias”, mandaron a construir un aeropuerto al que no llegan aviones y pagaron 26 millones de euros para que la Fórmula 1 se corriera en Valencia.

En nuestro país está al rojo la discusión acerca de las novelas sobre narcotráfico y paramilitarismo que desde hace un tiempo están de moda en televisión.

Algunos piensan que se les está “dañando la cabeza” a nuestros jóvenes y que se les induce al crimen. El debate es recurrente. Hace un cuarto de siglo una banda criminal en el Urabá —en los albores de las infames masacres— tomó el nombre de “Los Magníficos”, el mismo de la serie estadounidense, tan de moda en esos años. Un despistado miembro de la autoridad de televisión de entonces propuso que se prohibiera dicha serie para no estimular el contagio de la violencia.

No existe el axioma televisión violenta, igual a sociedad violenta. Los efectos de la televisión son un asunto más complejo, tal como lo analizó la Corte Constitucional en una sentencia de 1993, que al parecer muy pocos leyeron.

Hay quienes quisieran ver en televisión programas más blancos, del tipo Revivamos nuestra historia; es respetable. Lo grave es que algunos estén dispuestos a forzarlo mediante la intimidación económica.

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