Por: Columnista invitado

Revolución escolar industrial

Por: José Darwin Lenis Mejía*

Una de las grandes dificultades del actual sistema educativo es su pertinencia social. La desarticulación con el sector productivo es total, la formación académica, técnica y tecnológica poco responde a las expectativas de la sociedad o poco ayuda a resolver problemas laborales y comunitarios. Realmente, el desarrollo de competencias técnicas para el emprendimiento y la empleabilidad son inapropiadas para los retos que demandan la cadena formativa de la educación secundaria, terciaria y universitaria. Esto implica que se requiere renovar el modelo educativo técnico para introducir innovación tecnológica y adquirir tecnología de vanguardia, acorde a las exigencias del mundo laboral. No está bien seguir formando jóvenes únicamente con una visión de empleabilidad local o regional. En ello, los empresarios tienen para compartir o desarrollar muchas ideas y propuestas en la cadena formativa hacia la innovación e investigación.

Críticamente, para el caso de los colegios técnicos, industriales, agrícolas y comerciales es prioritario renovar las tecnologías, máquinas y herramientas. Porque todavía se orientan las clases con equipos, laboratorios y materiales didácticos de hace 40 años cuando la misión alemana donó unidades pedagógicas para la enseñanza. Así es muy complicado liderar transformaciones del sector productivo y empresarial en las regiones y hacer más pujante o competitivo los territorios. Es urgente rediseñar las instalaciones de los talleres de los colegios industriales que en otrora eran referentes de modernidad y formaban los mejores bachilleres técnicos. Hoy visualmente la mayoría de estas instituciones educativas son lúgubres y sin faltar al respeto arcaicas. Es preciso, proponer nuevas ofertas de programas, hacer nuevas construcciones y modernizar la misión y visión de este tipo de educación. En este camino la opción es construir nuevas instituciones técnicas o renovar sus sistemas de funcionamiento, para lo cual la responsabilidad es tripartita entre el sector empresarial, universitario y estatal. Se necesita brindar asistencia técnica, renovar dotación y acompañar el desarrollo de modelos técnicos escolares pertinentes e igualmente actualizar pedagógicamente a los profesores - instructores de esta valiosa educación. Para esta transformación, es posible resignificar las alianzas con el SENA, para el préstamo de laboratorios y talleres como oportunidad para mitigar las carencias operativas y posibilitar una mejor articulación social de la educación técnica.

Sabemos que la inequidad social se sustenta cuando las condiciones mínimas para estudiar no se comprenden como un derecho educativo. La educación técnica, no puede seguir determinando un horizonte de pobreza por la baja calidad en su oferta y continuar acuñando en el imaginario colectivo que la población más vulnerable, estudia en los colegios más pobres, pobremente dotados en material educativo y condiciones escolares.

Es una tarea apremiante hacer ciencia en las aulas técnicas para posibilitar nuevos desarrollos tecnológicos que de paso impactan positivamente los desempeños de los estudiantes en las pruebas saber que mide el ICFES. Igualmente, establecer la armonización con los programas que ofertan las universidades y la educación terciaria es la oportunidad para pensar un gran sistema de atención, desarrollo y mejoramiento tecnológico para el país. Dada la preponderancia social de este tipo de educación para una nación como la nuestra, se requiere renovar y proyectar su oferta productiva en amplio sentido por ejemplo en desarrollos de software, logística, emprendimiento, tics, comercialización, estrategias portuarias, mantenimiento o soporte técnico entre otras.

La visión de las próximas décadas, ya impone transformar la prospectiva de la educación técnica, como forma para disminuir el desempleo y atacar la pobreza. Se sabe que sin inversión en educación se enrarece el futuro del país y se descuida la paz.

Es hora de pensar en una nueva “revolución industrial” desde la escuela y volver la mirada sobre la educación técnica. Todo ello, es un llamado urgente a la modernización y articulación educativa de una educación que exige apropiar criterios de calidad y equidad estructural. Porque de lo contrario, se seguirá engañando a los estudiantes que buscan mejores oportunidades académicas y laborales en un mundo cada vez más competitivo, masivo y excluyente.

 

* Profesor Universidad ICESI

 

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