Por: Manuel Drezner

Revoluciones culturales

Cuando se estaba proponiendo el proyecto de reemplazar el antiguo Instituto Colombiano de Cultura por un ministerio, algunas voces nos alzamos para expresar el temor de que un ministerio cultural podría tener como consecuencia, por un lado, la politización de la cultura y, por el otro, que se pretendiera dirigir los hechos creativos desde el Estado y no, como debe ser, desde la iniciativa individual de cada emprendedor. Afortunadamente las cosas no fueron tan graves como temíamos, gracias a que en general fueron nombrados como ministros personas que ciertamente tenían los antecedentes y el criterio como para hace una labor laudable.

Es cierto que hubo excepciones ocasionales, muchas de ellas basadas en gustos excesivamente personales. Hubo episodios curiosos, como cuando todo un ministro de la rama afirmó que para desarrollar la cultura colombiana se debía reemplazar a Bach por el vallenato y otro para quien el ballet era algo que no respondía a las necesidades del país y, por tanto, se retiró el patrocinio a toda iniciativa que tuviera que ver con la danza, pero en general no hubo intromisiones políticas ni se consideró al ministerio como un ente para crear empleos a los amigos.

Sin embargo, ha vuelto a surgir al temor de que algo problemático puede suceder, con los cambios (revolcones, como los han llamado tan graciosamente) en diferentes entidades dependientes de Mincultura. La realidad es que uno pensaría que funcionarios que están cumpliendo su labor bien deberían continuar en sus puestos y esto aparentemente no siempre está sucediendo. Por ejemplo, en el Colón, la negativa aparente del director de no prestar el teatro para eventos sociales y políticos causó su reemplazo. Lo malo es que eso sucede en momentos críticos, cuando se debe preparar una programación, lo cual no es nada fácil y debe hacerse con mucho tiempo de anticipación. Cosas similares han sucedido en otras entidades y el resultado es que mientras se arma el nuevo equipo, los sucesos culturales que dependían de quienes dirigían la programación del teatro, o de quienes estaban a cargo de asuntos de antropología y patrimonio y otros que se han ido pero no han sido reemplazados, parecen haber quedado en el aire.

Ojalá estos revolcones no causen daños que acaben dando la razón a quienes en la época de su creación tuvimos dudas sobre qué tan bien le haría a la cultura del país un ministerio.

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2019-09-05T21:00:00-05:00

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