Por: Iván Mejía Álvarez

Rey de burlas

El compromiso entre la dirigencia del fútbol y el Gobierno tenía fecha pactada: el 24 de agosto los equipos que pertenecen a la Dimayor debían tener todas las obligaciones laborales, incluidas la salud y los parafiscales, al día.

Esa fue la fecha tope convenida para que el torneo empezara sin los inconvenientes de siempre, sin los jugadores haciendo huelgas, sin los equipos presentando niños en vez de atletas profesionales. Es decir, para que el fútbol entrara en cintura y cumpliera la Ley Marco del Deporte. También esa fue la fecha en la que la dirigencia se comprometió a tener listo un código de autorregulación, unos pactos económicos que les permitieran a los equipos gastar sólo lo que produjeran.

La dirigencia y el Gobierno se hicieron los “locos”, miraron para un lado, no escarbaron en los números de los equipos y el torneo empezó sin que se cumplieran los acuerdos. La Dimayor dijo en su momento que se estaban tramitando los últimos pasos para recibir un “préstamo blando” por $24 mil millones. Finalmente, gracias a la capacidad de gestión de Ramón Jesurún, el dinero le entró y la Dimayor repartió la plata a sus afiliados.

Hasta allí todo parece correcto, pero resulta que el Cúcuta no pudo acceder a su cuota porque sobre el elenco motilón pesa un embargo por problemas internos entre sus directivos, incumplimientos de contratos hechos en la época en la que Ramiro Suárez era el ‘mandamás’, ausencia de una cabeza visible que lidere. Y hoy el Cúcuta está como el Quindío hace cinco meses, como tantos otros, no tienen un peso y están debiendo hasta la camiseta.

Y si el Cúcuta está mal, vayan averigüen un poco por el estado de salud del Medellín, donde adeudan varias quincenas a los jugadores. Y hay otros equipos donde se vislumbran graves crisis en pocos días.

Definitivamente, los dirigentes de los clubes en su gran mayoría son pésimos administradores, manejan unas cuentas utópicas, gastan más de lo que les entra. Equipos inviables económicamente, atormentados por gigantescas deudas, que siguen dando motivo para que les quiten el reconocimiento deportivo.

¡Ah! Del código de autorregulación no se volvió a hablar una sola palabra. Todo sigue como estaba hace unos pocos meses: muy mal. El pacto entre Gobierno y Dimayor terminó siendo un canto a la bandera y acá no pasa nada, los clubes no cumplen, el Gobierno no hace nada para que se honre la palabra empeñada y el fútbol produce más noticias malas.

¿Y Coldeportes? Bien, gracias…

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