Por: Hernán Vallejo G.

Rezago de clase mundial

Dice la leyenda popular colombiana que en nuestro país se hizo apertura económica en los años 90 y que luego, a punta de TLC con países de América y de Europa, se terminó de consolidar una apertura despiadada y a rajatabla. Y lo dice la leyenda, porque las cifras muestran un escenario muy distinto y hasta cierto punto desolador.

Según cifras del Banco Mundial publicadas en mayo de 2014, entre 1990 y 2011 la participación del comercio internacional (las exportaciones más las importaciones) en el PIB aumentó 99% en los países de ingresos bajos, 63% en los países de ingresos medios, 54% en el mundo entero, 52% en los países de ingresos altos, 39% en América Latina y 9,4% en Colombia.

Dado lo anterior, en 2011 la participación del comercio en el PIB de Colombia fue del 39%, mientras que en el mundo dicho comercio internacional fue 61% del PIB global. De 177 países y estados que reportan datos en ese año, Colombia ocupó el lugar 170, muy, pero muy lejos de lo que se debería esperar dado nuestro tamaño y nivel de desarrollo.

En esas cifras todavía no se observan los efectos de los TLC con Estados Unidos (que entró en vigencia en 2012) y la Unión Europea (que entró en vigencia en 2013). Pero la experiencia enseña que los efectos de los TLC toman años y eventualmente, décadas. La experiencia también muestra que negociar, aprobar y poner en vigencia los TLC en nuestro país, también puede tomar muchos años.

Es por ello que es importante aprobar el TLC con Corea y terminar de negociar, aprobar y poner en vigencia los TLC con Japón y con Turquía. También es importante comenzar a negociar cuanto antes los TLC con China (13% de nuestro comercio observado en 2013) y con India (3,5% de nuestro comercio observado en 2013).

Hablar con parte del sector empresarial colombiano de algunos de los TLC pendientes, como el de China, es prácticamente una herejía, pues afloran temores de todo tipo. Pero nosotros no seríamos los primeros en hacerlo. Países como Chile y Perú ya lo hicieron y en ambos casos el balance ha sido muy positivo.

Aprobar los TLC pendientes con los países de Asia, Australia y Nueva Zelanda no es lo único que nos hace falta. Debemos tratar de consolidar y profundizar los acuerdos que ya tenemos. En ese sentido, la Alianza del Pacífico es un paso muy importante, como lo son todos los demás esquemas que busquen consolidar acuerdos de forma no discriminatoria, es decir, sin impedir o restringir la posibilidad de los países miembros para integrarse más y mejor con otros países o regiones del mundo.

También dice la leyenda popular colombiana que nuestra apertura indiscriminada ha sido la causa de muchos de nuestros problemas. Analizar esto en detalle no es fácil en una columna como esta, pero lo que sí es evidente es que esa apertura colombiana ha sido irrisoria al compararla con los estándares internacionales.

Colombia es una democracia vigorosa, y como tal, todos los debates deben darse y todas las opiniones deben ser escuchadas y respetadas. Pero en algún momento, después de décadas de debates, hay que tomar decisiones. Y lo que es más importante, hay que mirar y entender lo que pasa en el resto del mundo. Porque según las cifras, en materia de comercio internacional, la locomotora del comercio mundial nos dejó botados hace décadas.

 

 

 

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