Por: Luis Carlos Reyes

Richard Dawkins y los evangélicos

Según quienes asistieron al debate entre el destacado biólogo evolutivo y ateo Richard Dawkins y el jesuita Gerardo Remolina en la Universidad Javeriana, la conversación fue más o menos lo que uno podría haber esperado: más que grandes desacuerdos hubo coincidencias en temas como la edad del universo y la evolución del ser humano por selección natural. El punto de vista católico acerca de estos temas fue presentado de manera elocuente por el padre Remolina, pero sospecho que bastantes cristianos evangélicos en Colombia habrán quedado con la sensación de que ninguno de los dos hablaba por ellos.

En efecto, mientras que muchos católicos culturales se sienten cómodos con ideas como que la Biblia no es más que “una gran metáfora” —malinterpretación frecuente de puntos de vista como el del padre Remolina—, los evangélicos no olvidan ni por un segundo que en la Biblia se encuentra la revelación de un Dios que de metafórico no tiene nada: estuvo presente en la creación del universo, vivió entre nosotros y estará presente en la culminación de la historia. ¿Cómo entender, entonces, la relación entre la Biblia y la ciencia moderna? La tradición católica de recurrir a la interpretación alegórica de las Escrituras antes que a su sentido natural fue rechazada, con buenos argumentos, por la Reforma protestante, y tiene sentido el impulso de dudar de cualquier cosa que parezca una amalgama fácil de ideas modernas con pasajes bíblicos convenientemente reinterpretados.

Una solución a este problema dentro del protestantismo ha sido restringirse a una lectura mal llamada “literal” de la Biblia, como la de quien lee el periódico del día, y defender esta interpretación a capa y espada. Si usted como evangélico se ha encontrado con libros que sostienen que la tierra tiene seis mil años de antigüedad y que la evolución de las especies es irreconciliable con la Biblia —y con seguridad los ha encontrado si le interesa el tema—, conoce este punto de vista. Y el problema de una hermenéutica así no es que sea demasiado fiel al texto sino que no es lo suficientemente fiel: cae en el error de quien lee a Neruda como se tratara de un astrofísico que escribe sobre estrellas azules que literalmente tiritan de frío y sobre mujeres con ojos más grandes que el cosmos, o a Stephen Hawking como si su Breve historia del tiempo fuera un himno de amor a su señora. Es decir, malentienden los géneros literarios de la Biblia —que son muchos, son antiguos y a veces no tienen paralelos directos en nuestra literatura— y se llevan un mensaje equivocado sobre las realidades a las que se refieren estos textos.

Las interpretaciones bíblicas que nacen de este método han llevado al tipo de conclusiones anticientíficas que Dawkins es experto en combatir. Afortunadamente, hay otras de mayor profundidad intelectual y que se toman la Biblia más en serio. No hay espacio aquí para resumirlas, pero sí para recomendar algunos libros. Vale la pena empezar por el ya clásico El escándalo de la mente evangélica, del historiador cristiano y profesor de la Universidad de Notre Dame Mark Noll. Aparte de ser una autocrítica del antiintelectualismo fundamentalista de ciertos segmentos del cristianismo estadounidense, ofrece una hoja de ruta para abordar los problemas que este ha generado. Inspiración y encarnación, de Peter Enns, provee un excelente paradigma para entender la Biblia como libro sagrado a la vez que literatura antigua; y El lenguaje de Dios, escrito por Francis Collins, el cristiano evangélico y científico que lideró el proyecto que secuenció por primera vez el genoma humano, aborda la relación entre la biología moderna y la fe cristiana. Hay docenas más de libros pertinentes, pero desafortunadamente son difíciles de conseguir en las librerías cristianas de Colombia. Ojalá que editoriales y librerías se motiven a traducir y distribuir más de ellos.

* Ph.D., profesor asistente, Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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