Por: Luis E. Giusti L.

Riesgos políticos del precio

Arabia Saudita no ha mostrado un interés claro en recortar la producción.

La tendencia a la baja del precio del petróleo durante los pasados tres meses ha causado gran preocupación entre los países petroleros.

Los presupuestos nacionales de Irán, Rusia y Venezuela están basados en un precio del petróleo de referencia Brent de US$110 por barril. Entre tanto, Ecuador, Bolivia, Argentina y México lo han planificado con base en Brent de US$100 el barril. La situación es similar en Nigeria, Angola y Argelia, y los productores del Caspio están sin dinero, mientras que Libia e Irak necesitan ingentes recursos para reparar su quebrantada infraestructura.

El precio promedio del Brent, entre enero y junio de este año, fue de US$114 por barril, pero a menos que se pueda mantener sobre 100 dólares el barril, comenzarán a aparecer brechas de financiamiento.

La expectativa usual ante este tipo de situaciones es la de que los productores del Golfo Pérsico recortarán los suministros, especialmente Arabia Saudita. En esta ocasión, a pesar de que los inventarios han ido creciendo, Arabia Saudita no ha mostrado un interés claro en recortar la producción, lo cual puede atribuirse a varias razones. Desde una perspectiva “altruista”, un petróleo más barato les está dando a las naciones consumidoras un importante impulso económico, y a los bancos centrales mayor flexibilidad para imprimir dinero sin grandes presiones inflacionarias.

La factura de importaciones petroleras de Europa en junio pasado fue de US$ 27.000 millones, en comparación con US$ 32.000 millones de marzo, y en Estados Unidos se están dando ajustes similares. Se aliviarán las presiones fiscales en los mercados que subsidian el consumo de combustible. Mientras Riyadh mantenga el precio petrolero a niveles razonables, se podrá evitar la destrucción de demanda. Pero hay motivaciones mas importantes para Arabia Saudita. Riyadh tuvo ingresos de US$ 155 billones en la primera mitad de 2012 y se estima que ha acumulado US$ 500 billones en efectivo para aliviar las presiones domésticas.

La monarquía puede aguantar un buen período con precios entre 75 y 80 dólares el barril, sin grandes preocupaciones, especialmente por compensación con volumen, tomando en cuenta que seguirá produciendo 9,5 millones de barriles de crudo por día (mpd). Esto le ganará a Arabia Saudita aplausos entre los países consumidores, pero además los deja en control total sobre los demás estados productores.

A pesar del discurso de los halcones de precios en la OPEP, ninguno de ellos está dispuesto a recortar producción y su tendencia es más bien a la sobreproducción, en espera de que sea Arabia Saudita la que haga el recorte. La monarquía no concederá a sus socios el “almuerzo gratis”. Se sentirá feliz de ver a Irán retorcerse por las sanciones y teniendo que reconsiderar su postura nuclear. También verá aumentar su influencia política en Líbano, Irak y la Franja de Gaza desde el Golfo Pérsico hasta ‘El Levante’.

Nadie le presta mucha atención al despliegue de Venezuela acerca del aumento en sus reservas, pero Riyadh considera a Rusia como otro petroestado al que hay que poner en su lugar.
Moscú ha sido una espina en el costado de Arabia Saudita, dándole soporte diplomático a Irán y equipos militares a Siria. Tomando en cuenta el agotamiento petrolero de Rusia, es posible que Moscú trate de lograr acuerdos bilaterales con otros miembros de la OPEP, tal como lo hizo en 2008. Un precio petrolero bajo es doblemente preocupante para Putin: le crea al Kremlin problemas financieros y complica las posibilidades del desarrollo petrolero en el Ártico, donde están cifradas las esperanzas de compensar la declinación.

Los precios bajos no solamente serían acerca de demostrar a los colegas petroestados quién es el jefe, sino acerca de Riyadh plantear una batalla más importante durante la próxima década: retener el 40% de la participación de mercado de la OPEP, en especial en medio de una gran aumento de producción no-OPEP de crudo no-convencional. Por ejemplo, a un precio de US$75 barril, el petróleo de esquistos se torna “muy sucio”, el bitumen canadiense “muy viscoso”, el crudo pre-salino de Brasil “muy profundo” y el Ártico de Rusia “imposible”.

En conclusión, el precio deseable para Riyadh sería aquel que le deja oxígeno suficiente a la economía global, le da ventaja política sobre los otros petroestados y les hace más difícil competir a los demás recursos petroleros.

Pero por muy tentadora que pudiera ser esa guerra para hacer sangrar a Irán, Rusia y otros petroestados, resulta muy improbable que se sostenga, debido a los problemas políticos internos de la monarquía, además del daño colateral sobre sus colegas del Consejo de Cooperación del Golfo.

lgiusti@cclaen.com

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis E. Giusti L.

México: futuro petrolero

Los ciclos del poder del crudo y el gas natural

Irán, en busca de suspensión de sanciones

Lucha política por un oleoducto

La crisis del carbono