Por: Gonzalo Silva Rivas

Riesgoso escenario

El pliego petitorio que se discute entre la Aerocivil, el Mintrabajo y los controladores de vuelo tiene un significado que va más allá de eventuales reivindicaciones económicas y la necesaria modificación de las jornadas laborales de los trabajadores.

El trasfondo, lo que está detrás de la defensa de intereses colectivos o de la rotación de personal para evitar traumatismos en las operaciones, es el latente problema de seguridad aérea que acecha al país debido a la insuficiencia de personal especializado como este, sumado a la abundancia de inconvenientes que provocan las limitaciones de los equipos de aeronavegación.

En Colombia hay 562 controladores, unas dos terceras partes del personal requerido para cubrir la cobertura. Pero el Gobierno no suple el déficit de planta aumentando la nómina, como sería lo razonable, sino sacándole máximo provecho al medio millar que labora. Hoy por hoy trabajan la semana entera y se ven obligados a doblar sus turnos, circunscritos por normas internacionales a seis horas diarias en atención a la complejidad y responsabilidad de sus funciones.
La Aerocivil expidió el viernes una ambigua resolución autorizándoles un descanso semanal remunerado -es decir el mismo que la ley otorga a todos los trabajadores colombianos-, que se hará efectivo “a menos que por necesidades del servicio” haya que reprogramarlo. Y aceptó, incluso, otorgarles un día adicional, como lo sugiere la OACI, que será denominado Turno de Receso Operativo, y considerado “una jornada operacional” (sic).

Lo que no se explica es cómo podrá regularse una programación laboral que permita el efectivo descanso semanal de los controladores y al mismo tiempo se garantice la cobertura del servicio, si esto último solo ha sido posible duplicándoles los turnos. Con los descansos habrá menos operadores disponibles y seguramente quienes estén en servicio deberán triplicarlos. La solución entonces no es amagar descansos y tramar forzadas e inútiles fórmulas de rotación de jornadas sino contratar más personal.

Nuestros controladores, obligados a orientar a los pilotos, organizar el flujo de tráfico aéreo y prevenir la colisión de aeronaves, cargan una elevada acumulación de fatiga que afecta su capacidad de trabajo y de salud, reflejada en altos niveles de ansiedad y estrés, con múltiples trastornos y complicaciones fisiológicas.
Debería preocupar a tripulantes, pasajeros y ciudadanos comunes –nunca se sabe dónde puede ocurrir un siniestro- este riesgoso escenario que expone las precarias condiciones físicas y emocionales de quienes tienen el compromiso vital de evitar tragedias aéreas y proteger vidas humanas.

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