Por: Antonio Casale

"Rigurosos estudios"

Estuve de acuerdo con que se habilitara El Campín para conciertos, siempre y cuando se tuvieran los cuidados necesarios para preservar la cancha.

 Sin embargo, debo reconocer que ante la manera de proceder del Distrito en torno al tema, quienes se oponían terminaron teniendo la razón. El escenario dejó de prestarse para artes escénicas después de un festival (concierto en el que participan varios artistas y su duración es de ocho horas, tres o cuatro veces más de lo que dura la presentación de un solo artista) a mediados de la década pasada. El estado en que quedó la gramilla en esa ocasión fue deplorable. Incluso Santa Fe tuvo que jugar la final del torneo colombiano sobre una cancha que más parecía una pista de bicicrós, sufriendo las consecuencias deportivas que ello supone.

Sólo hasta 2012, después de un riguroso estudio, se habilitó el estadio para conciertos. Fue para el de Paul McCartney. Según ese riguroso estudio, la gramilla sólo podría ser ocupada por un máximo de 5.000 personas cómodamente sentadas. La boletería se vendió rápidamente y aunque los empresarios hubiesen querido vender más entradas, la reglamentación lo impidió. No le sucedió nada a la gramilla, el show duró cerca de tres horas.

Para el siguiente concierto, todo empezó a cambiar. A final de 2012 se habilitó el estadio para Lady Gaga. Esta vez, aunque la cancha seguía siendo la misma, otro “riguroso” estudio determinó que la grama podría ser utilizada por 14.000 personas, ya sin sillas, saltando y bailando. Entraron cerca de 11.000. El costado sur de la cancha sufrió algunos daños que rápidamente fueron superados. Esta vez el concierto duró unas dos horas y media.

Pero para el concierto de este sábado, otro “riguroso” estudio determinó que la gramilla, podría ser ocupada por 18.000 de pie, saltando y bailando durante ocho horas, tiempo que duró el festival. El Campín se volverá a utilizar para fútbol en unos nueve días, sólo en esa fecha sabremos las reales condiciones de la gramilla, pero al ritmo que vamos, si no es en ésta, en otra ocasión quedará inservible. Lo cierto es que causa curiosidad la manera como los “rigurosos” estudios van cediendo según las necesidades de los empresarios, que sólo piensan en su lucro personal. Total, después de pagar la póliza de incumplimiento en caso de algún daño, el balance económico seguirá siendo positivo para el empresario de turno. Al fin y al cabo, en este país en el que la cultura traqueta sigue reinando, todo se arregla con dinero, no importa que los bogotanos nos quedemos sin fútbol. Pero el primer responsable es el Distrito, pues el estadio debe mantenerse pensando en el bien común y no en el particular de algún ciudadano, principio por el cual no parece preocuparse el IDRD, encargado de su administración.

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