Por: Mario Morales

Rituales y mitomanía

Fue otro efecto de nuestra proverbial megalomanía. Por un momento, merced a la efervescencia en redes sociales, se creyó que septiembre marcaría el inicio de la "primavera colombiana".

La “Corzotón”, en protesta contra el presidente del Congreso, no logró, sin embargo, reunir a más de 400 espontáneos con ingeniosas arengas que pasaron desapercibidos.

Una expectativa similar se había generado un mes antes con la marcha de antifaces. Twitter y Facebook no dieron abasto para expresiones indignadas contra la corrupción, origen de los males nacionales. Cálculos optimistas hablaron de 10 mil marchantes en 26 ciudades. Poco para el ingente y sincero esfuerzo de Gustavo Bolívar, Pernía y otros gestores que dejaron comodidades por estas aventuras ciberactivistas.

De esa desilusión no se repone aún la “ola verde” en las presidenciales del año pasado. Humo y sueño fugaz.

Podríamos decir, con razón, que estamos hechos de puro símbolo y puro verbo, pero de aquello nada; amigos como somos de penitencias facilistas con las facilidades de exhibición que sobredimensiona internet. Y todavía hay quienes hablan de convergencia y de Colombia 3.0. ¿Utopía o marketing?

Pero esa pasión en lo virtual e indiferencia en lo real palidecen cuando se comparan con cifras de la protesta social de carne y hueso, según informe de la Policía que publica El Tiempo.

Cifras que en vez de hablar de movimientos sociales y marchas pacíficas justas en medio de la inequidad reinante, nos muestran un país fraccionado, individualizado y egoísta. Según el informe ha habido en lo corrido del año 1.572 marchas; algo así como 6 diarias, con cerca de 300 manifestantes, en promedio. La reivindicación del interés particular con disfraz social.

Claro, incide la estigmatización “terrorista” del gobierno pasado que extiende el actual con la penalización por obstrucción de vías e infraestructura. Tiene que ver el determinismo nacional de que “no hay nada que hacer”, cansancio, indolencia, en fin.

Pero sobre todo influye la mitomanía inflamada de que somos nación, que tenemos sueños, que somos interactivos, convergentes y ciudadanos. ¡Que va! Puro ritual y golpes de pecho. Y virtuales, para colmo.

www.mariomorales.infoy @marioemorales

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