Robar los ríos

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En agosto 25 de 1930, Alejandro Calderón, ciudadano colombiano, agricultor y vecino de una vereda de Ciénaga de Oro, envió una carta al presidente Enrique Olaya Herrera y a sus ministros de Gobierno, de Industrias y de Relaciones Exteriores. En ella se quejó de que la United Fruit Company fuese la única entidad establecida en la región para comprar y exportar bananos y por ello ejerciera un dominio total de la economía, que le permitía obtener grandes rendimientos, clasificando y comprando la fruta a precios muy bajos. Así las cosas, decía Calderón, “es verdad de grande evidencia que, en este comercio e industria, solo la United, como entidad compradora, obtiene beneficios que alcanzan a fabulosas sumas, mientras que el campesino-productor de la fruta sufre las consecuencias ruinosas de un mal negocio”. Para los 30, muchas habían sido las cartas, quejas y protestas hechas para obtener del Estado una mayor regulación en cuestiones laborales, la creación de un banco o caja agraria y convencer a la United de realizar mejoras en los precios de la fruta. De todas estas quedaba únicamente la frustración. La multinacional, tal y como lo exponía Calderón, perseguía “obtener la mayor utilidad posible, explotar a los campesinos productores de bananos” y “ejercer sus actividades comerciales independientemente de toda competencia recurriendo a toda clase de recursos con el fin de monopolizar todo este suelo”. Como no hay agricultura sin riego, no solo se trataba de monopolio de suelos. También de aguas.

Un legado tan tupido de acaparamiento de las tierras y las aguas por cuenta de la agroindustria explica la situación de la región en este 2019 que comienza (legado que incluye también el uso profuso de violencia estatal o paramilitar en represión de movimientos sindicales, campesinos y de justicia ambiental). La profesora Sandra Vilardy nos enseña cómo el complejo lagunar que es la Ciénaga Grande de Santa Marta recibe hoy menos agua de la que necesita. Pues algunos de los ríos que rebosan la ciénaga, los ríos Fundación, Aracataca, Tucurinca, Sevilla y Frío, “no están llegando con los caudales suficientes a la Ciénaga Grande, sobre todo en las épocas de sequía, debido a la instalación de talanqueras para intentar desviar sus cauces y a la captación ilegal de sus aguas por fincas de banano y palma africana que la usan para el riego de cultivos”. En sus trabajos sobre la región, la periodista Paola Benjumea Brito ha documentado los conflictos por el uso del agua en el municipio de Zona Bananera, donde campesinos han denunciado a los dueños de grandes fincas, ubicadas en las partes altas, por desviar “el agua de los ríos Frío, Sevilla y Tucurinca, con el fin de direccionar el caudal hacia sus bocatomas y los reservorios que han construido en sus predios para almacenar el líquido”.

Escasez y abundancia de agua se experimentan al mismo tiempo en la región: mientras pequeños propietarios agrarios y habitantes de los barrios menos privilegiados de municipios urbanizados reparan la falta de agua, otros siguen regando y expandiendo iniciativas agroindustriales como si nada. En Zona Bananera, por ejemplo, hay tres distritos de riego administrados por asociaciones de usuarios y encargados de distribuir el agua dulce entre pequeños, medianos y grandes productores. No obstante, en el menudo día a día, son las fincas con mayor extensión de tierra las que hablan con voces más fuertes en las asociaciones y algunas emplean seguridad privada, contratando hombres armados que trabajan “en las compuertas de los canales de riego para evitar que el agua corra hacia los predios más pequeños”.

En las semanas que vienen serán muchos los titulares que anuncien cortes de agua en el departamento del Magdalena, en el contexto del fenómeno de El Niño. Es relevante recordar que la mentada escasez no es general (y que el fenómeno estacional pone de relieve una situación social e histórica). Para apreciar los momentos y lugares donde el agua resulta insuficiente, es necesario comprender de dónde proviene el agua y cómo se mueve a través de las fincas grandes.

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