Educación y cultura en tiempos digitales

hace 15 mins
Por: Daniel Mera Villamizar

Roberto Zarama Urdaneta (1952-2020)

Gran persona y mente brillante que dejó huella en la educación, la academia y la juventud.

Cualquier historia rigurosa de las políticas de educación en este siglo encontrará que Roberto Zarama fue un protagonista de primera línea como asesor y arquitecto. Fue admirado y controvertido. Era una figura vectorial: servía para medir distancias y transmitir ideas.

Con razón, se le asociaba con el poder (de UniAndes, de los ministros que asesoraba desde Germán Bula Escobar, del abolengo que le intuían por el lado del expresidente Roberto Urdaneta porque él no contaba que era descendiente de la rama de Miguel Antonio Caro), pero en realidad su poder principal era su mente.

La primera noticia que tuve de eso provino de una estudiante. María Catalina Colmenares hablaba de la inteligencia, generosidad, carisma y empatía de su director de tesis de maestría, que además era el director del departamento de ingeniería industrial. Después, recluté a unos graduandos aventajados y críticos, Jaime Cardona y Juan Fernando Lezaca, que también respetaban a Zarama. Gran persona, mente brillante.

Egresado de matemáticas de la Nacional, hizo doctorado en filosofía del lenguaje en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, EHESS, en París, y estancias posdoctorales en la Universidad de Oxford y el College de France. Fue pionero y maestro en el desarrollo de modelos matemáticos y simulaciones informáticas de complejidad, que aplicó en educación, tránsito, desarrollo económico y gestión de la investigación.

Afincado en su potente metodología era una máquina de investigar, dirigir tesis y escribir, que sacó tiempo para crear una institución. Con su amigo Alfonso Reyes y Neil Johnson creó el Centro de Excelencia en Modelamiento y Simulación de Fenómenos y Procesos Complejos, que luego convirtió en la Fundación CEIBA con siete universidades de alta calidad aliadas para generar capacidad regional en ciencia, tecnología e innovación.

Pero fue su incidencia en políticas oficiales la que llevó a que lo vieran de otro modo en el sector estatal de la educación: como el “enemigo” de lo público entendido como lo estatal. Roberto Zarama tenía una noción más amplia de lo público.

La controversia escaló hasta el hecho inusual de una declaración de la Asamblea Nacional de Representantes de Profesores ante Consejos Superiores y Académicos de Universidades Públicas (ARPUP) que “denunció” que “Ser Pilo Paga, Financiación Contingente al Ingreso y reforma al Decreto 1279 de 2002 han sido iniciativas gestadas en grupos liderados por Roberto Zarama, investigador uniandino” (Armenia, 2018).

El profesor Zarama, a sus 67 años, estaba llenó de energía para seguir siendo un referente y líder en el diseño de políticas en educación, cuando se reveló la enfermedad. Con su fuerza de voluntad, lucidez, humor socarrón y optimismo nos mantuvo la esperanza de volver a verlo recuperado. Juan Felipe Penagos, su pupilo amado, y su esposa Rebeca Donoso son testigos de que su organismo perdió la batalla, pero no su mente.

Queríamos verlo erguido para la imposición de la “Orden del Congreso, Grado Caballero”, que la senadora Paloma Valencia tramitó, y no nos preparamos espiritualmente para su ausencia. Tal vez habría querido que al acto de condecoración póstuma se invite también a contradictores intelectuales.

Y seremos legión los dolientes de una “Cátedra bienal Roberto Zarama Urdaneta”, de pensamiento complejo y efectos mariposa, un espacio para avivar en la academia colombiana el espíritu de enfoques desde la complejidad e ideas acotadas de potencial cambio sistémico, de “identificación de cambios en el comportamiento de un sistema que ocurren como resultado de pequeñas perturbaciones”, como fue Ser Pilo Paga.

@DanielMeraV

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