Robin Hoods contra la corona

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Terroristas, narcotraficantes, pandilleros, gánsteres y similares, conocidos habitualmente por sus andanzas contra el orden establecido y los Estados, han aparecido por estos días al mismo lado de la ley combatiendo el COVID-19, incluso con más vigor y brutalidad que las mismas autoridades. No es la primera que vez que este fenómeno ocurre, pues en países azotados por desastres naturales, terremotos, inundaciones, guerras o tifones, organizaciones al margen de la ley cruzan el margen para ponerse incómodamente al lado de las autoridades cuando las circunstancias lo requieren. Es en situaciones de catástrofe cuando se desnuda la debilidad de los Estados y la fortaleza de las organizaciones criminales, y es entonces cuando la cooperación es el mejor de los caminos en la coyuntura. Ambos se benefician.

En las favelas de Río, los residentes se han organizado para enfrentar el virus; sin embargo, son los narcos y sus esbirros quienes imponen el toque de queda por ellos decretado y quien incumple sin justificación paga. Estos señores actúan sin rodeos, nada de derechos humanos. En México, los notorios carteles de la droga, cuyo control territorial se ha consolidado desde la llegada de AMLO, quien prácticamente dejó de combatirlos, ejercen autoridad en sus territorios y se han dedicado a repartir las ayudas, mercados, medicinas, jabones, tapabocas y demás artículos marcados con los logos de sus respectivas organizaciones.

En Líbano, la organización terrorista Hezbollah, que de por sí controla los suburbios chiitas de Beirut y amplias zonas del país y hace parte del gobierno, ha sido acusada de facilitar la propagación del virus al permitir por la fuerza el arribo de aviones que llegaban de Irán, su patrón, cargados de contagiados. Buscando reparar su imagen, la organización movilizó su capacidad logística para atender pacientes infectados en su red hospitalaria, más efectiva que la del gobierno. De igual manera organizaciones como Hamas, los talibanes, las milicias en Libia, insurgentes separatistas en Pakistán y Filipinas, las maras en Centroamérica, radicales islámicos en África y el Medio Oriente, la mafia albanesa y pandillas en Sudáfrica, entre otros, se han dedicado a combatir el virus y ayudar a la gente en sus respectivos territorios.

Sin embargo, la bondad desplegada por las organizaciones criminales, de la cual se benefician muchos seres humanos a quienes el Estado nunca les llega, tiene su otra cara. Como su mantra lo dicta, buscan sacar provecho de la pandemia. Además de consolidar territorios y ganar adeptos con su gestión humanitaria, un alto porcentaje de productos médicos falsificados y medicinas que “curan el virus” han sido producidos y vendidos por organizaciones criminales, que además han llevado a cabo colectas espurias por internet, contrabandeado medicinas y kits de testeo a través de las fronteras cerradas y manejan sus “bodegas” de producción de fake news para crear caos y pescar en río revuelto.

Mafias, mafias serán, incluso haciendo el bien.

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