“Haremos cercos epidemiológicos en algunos barrios de Cartagena”, Duque sobre la COVID-19

hace 4 horas
Por: Jaime Arocha

Rogativas contra la erosión

No llegué al puesto electoral evitando el peor de varios males, sino a votar en favor de la pedagogía ambiental y de las alternativas de producción amigable con el medio.

Las propone la Alianza Verde para salvaguardar el bosque altoandino y las fuentes de agua que alberga. Me ilusionó el que, a la madrugada del 25 de octubre, hubiera recibido una notificación de la Registraduría diciendo que mi cédula estaba “habilitada en Cundinamarca - La Calera, puesto cabecera municipal”. Me dije que, por fortuna, luego de haber entregado copia del pago del impuesto predial, había salido de la lista de trashumantes electorales en la cual el 24 de septiembre los registradores me habían incluido. Sin embargo, no fue así por razones que ningún funcionario de esa entidad pudo explicarme. La fiscal que estaba en la Mesa de Justicia me recomendó poner una denuncia ante el CTI, pero más bien me fui para Bogotá a salvar mi voto.

No pude ejercer un derecho democrático para contribuir a evitar desastres ambientales como el de la minería ilegal, al cual José Roberto Acosta se refirió en su columna “Masacre en Bogotá y La Calera”, publicada en este diario. Pese a que en mi vereda no ha tenido lugar algo tan grave como el asesinato de un niño de 13 años, sí son cotidianos desafueros como el que describo. Desde hace diez años hay un inversionista que diversifica sus opciones de especular con la tierra comprando peladeros inclinados de los que abundan en este municipio. A medio kilómetro de nuestra casa, él adquirió uno de esos altares a la erosión. Tenía bosque, pero el dueño original, como casi todos los campesinos de la región, sobrevivió talando monte, quemándolo y metiéndole vacas. Pese a que el sobrepastoreo ya hacía inviable que ese hombre siguiera de pequeño ganadero, el nuevo propietario no dejó de vender el pasto raquítico de su lote. En 2011, la tragedia invernal se metió por las grietas estériles que se hundían donde antes había habido yerba, hasta desmoronar la colinita que terminó por taponar la vía que le daba acceso principal a la quinta de otro de los acaudalados bogotanos de la vereda.

Con la celeridad que hemos deseado para la acción popular contra el POT de La Calera —¡interpuesta desde diciembre de 2012!—, Alcaldía, Consejo y CAR acudieron al auxilio. Despejaron el camino, y en lo que quedó del cerro construyeron taludes de guadua, a cada uno de los cuales le sembraron saucos y chilcos, porque, según el técnico de la CAR, eran de rápido crecimiento. Habrían prevenido la erosión de no haber sido porque el propietario no desistió de las vacas en su predio, y ellas no desaprovecharon los arbolitos que crecían. Como amenazaba un nuevo derrumbe, los mismos capitalistas financiaron un altar a la virgen, alrededor del cual la comunidad hizo rogativas, amén de donaciones que complementaran partidas del municipio y la CAR, las cuales jamás habrían llegado si el damnificado hubiera sido un campesino de la región.

Escribo a las ocho y media de la noche del 25, cuando lo más probable es que Luisa Camacho haya quedado en el Concejo. El resto del equipo de la Alianza Verde formará un bloque a su alrededor en pro de la formación de personas conscientes que combatan la irracionalidad ecológica, los vacíos en la ética de los políticos locales y el hábito de convertir a la virgen en cómplice de la irresponsabilidad humana.

595298

2015-10-26T21:00:03-05:00

column

2015-10-26T21:00:16-05:00

none

Rogativas contra la erosión

28

3469

3497

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jaime Arocha

Emotividad insondable

Solidaridades confinadas

Asepsia gestual

Degüello en el Baudó

Acosovirus