Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Roma locuta, disputa finita

En fin, justo es reconocer que la visita de Francisco fue positiva y que dejó muy pocos lunares negros sobre los que habrá que volver en su momento. Veámoslo.

“No se dejen engañar ni robar la alegría y la esperanza” fueron las primeras frases de Francisco al llegar a Colombia, que aunque tuvieron como destinatarios los jóvenes parecen una merecida respuesta a la terrible y mezquina comunicación que recibió del senador Álvaro Uribe Vélez.

Dijo Uribe que nunca se han opuesto a la paz, pero todo el país sabe que lo que han hecho durante el proceso de negociación con las Farc, y lo siguen haciendo ahora, es precisamente torpedear lo que tenga que ver con la reconciliación. Esa visceral postura obedece a la perversa ambición de mantener la guerra, la misma que no pudieron ganar durante ocho años del temible gobierno de la seguridad democrática.

Fácil resulta suponer que a Uribe no debió gustarle que el país viera imágenes de Francisco saludando a Emmanuel, el niño que nació en cautiverio en la selva fruto del encuentro entre la hoy parlamentaria Clara Rojas, entonces secuestrada, y un guerrillero, su secuestrador. El país no ha olvidado cómo se aprovechó políticamente a Emmanuel siendo apenas un infante. Pero el tiempo pasa y hoy la criatura tiene uso de razón y ha sobrevivido a todos esos escollos que la vida le puso en su camino, y por fin pudimos verlo por primera vez en brazos del papá al que el uribismo pretende convencer de que aquí no ha habido paz, ni habrá reconciliación. A Uribe también le debió caer pésimo que este papa sí se dejara poner la ruana que le obsequió un joven en la puerta de la Nunciatura, imagen amable que borró su fallido y ridículo intento de clavarle a Benedicto XVI un carriel.

Era previsible que Uribe no se iba limitar a enviar una destemplada carta al pontífice, entre otras cosas pésimamente escrita. Para el pregonero del odio era necesario además dejarse filmar aparentando esperar como cualquier ciudadano en la calle a Francisco —pero rodeado de escoltas armados hasta los dientes— y santiguándose a su paso como si fuera otro peregrino más, todo para hacer ostensible su dolosa estrategia de no asistir a ningún acto convocado por Santos. Y después Uribe pretende que el país crea la farsa de que ha estado dispuesto a la convivencia y a vivir en paz, cuando ni siquiera es capaz de asistir a un simple acto protocolario o a una misa.

La peor postura uribista fue tergiversar las palabras de Francisco, para promover la falsa idea de que les ha dado la razón en sus demenciales reparos a la paz, para lo cual contaron con el auxilio grotesco de uno que otro medio de comunicación, de esos que andan más interesados en hacer proselitismo que en informar objetivamente.

Nada nuevo en el horizonte. A pesar del viaje apostólico de Francisco, el uribismo seguirá mintiendo, eso sí persignándose y rezando, en la esperanza de que la guerra vuelva, porque es allí donde siempre tendrán la palabra pero nunca la razón. Lamentablemente no entendieron el momento histórico que vivió Colombia esta semana, y como van, no lo entenderán jamás.

Adenda No 1. Conveniente y oportuno el llamado papal a los obispos para que tengan claro que no son políticos, ni técnicos, sino pastores. Y después de la sobriedad de Francisco al movilizarse en carros discretos ¿qué irá hacer el cardenal Rubén Salazar?

Adenda No 2. El cuestionado exmagistrado Francisco Ricaurte logró instalar como magistrado de descongestión de la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia a su coterráneo y compadre de andanzas en Buga Donald José Dix Pnnefz, exmagistrado en esa ciudad. Harían bien las autoridades en establecer el conocimiento de ambos sobre la creciente corrupción en la ciudad Señora, auspiciada por el anterior alcalde, John Hárold Suárez, y el actual burgomaestre, Julián Latorre, y definir los roles de la impresentable lista de sus amigotes como Angelino Garzón y el senador Carlos Fernando Motoa, entre otros indeseables. Todo el mundo en Buga habla de eso, pero la Fiscalía parece ser como los maridos engañados: es la última en enterarse.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

Curas sin cura

Falsa reconciliación

Bienvenida, fiscal Bensouda

Si eso es electo

Restos de campaña