Romances y sueños confinados

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La cuarentena afectó los sitios de encuentro por internet de manera desigual para mujeres y hombres.

Cuando hace unos años fui invitado al ICESI de Cali para hablar sobre clientes de la prostitución, el tema interesó mucho más a las estudiantes feministas que a otros grupos. Presenté mucha información de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud. Por provocador y por torpe, en la diapositiva final puse una pequeña imagen de Charles Darwin, para tímidamente sugerir que la biología importa. Quién dijo miedo. Jamás había enfrentado un auditorio tan indignado con lo que yo decía. En ámbitos militantes, la libertad de opinión es una quimera. Un argumento de aquellas energúmenas era que las mujeres inscritas en Tinder eran más numerosas que los usuarios masculinos. Ignoraban olímpicamente que unas y otros recurren a esa red con objetivos bien distintos. Básicamente, los hombres buscan sexo mientras que las mujeres esperan enamorarse.

El COVID-19 implicó un incremento superior al 20% en el envío de mensajes, pero el negocio se ha resentido. Tinder y otros portales similares aumentaron las suscripciones gratuitas. Plataformas como Zoom no permiten acercamiento sexual más allá de hablar. Es un golpe duro para hombres poco interesados en los preámbulos y ganancia neta para las mujeres, como bien lo ilustra el comentario de una usuaria gringa: “Las citas han sido mejores que en la vida real porque tenemos que comunicar más”. O sea, cortejo charlado, sin pasar a las manos. “Seguiré haciendo lo mismo cuando todo esto acabe” dice otra sugiriendo que para ella se acabó la pesadez del flirteo con extraños que acosan.

Según otro reportaje, algunas mujeres manifiestan que del sexo les interesa prioritariamente tener hijos, actitud etiquetada por el feminismo como imposición cultural. “La soledad empezó a golpear. Tengo amigos, pero me sigue faltando una relación y quién sabe cuándo estaré de nuevo funcionando. Mentiría si dijera que mi reloj biológico no me preocupa. Si esto se prolonga, habrá una larga espera antes de eventualmente tener un bebé”. Querer hijos como reflejo natural, no un artificio patriarcal, es lo que revelan las muchas guerrilleras que arriesgaron su vida por ser madres.

Un amigo madrileño, casi sesentón, sufrió hace poco un arrebato feminista de su esposa de varias décadas que parecía asesorada directamente por Nosotras Podemos y Pablo Iglesias. Enfrentado a un divorcio emancipatorio exprés, fue incapaz de volver a los bares que frecuentaba de joven para ligar y se inscribió en un sitio de encuentros entre mayores de 50 años por internet. Por fortuna es curioso y observador. No ha encontrado nada y duda poder coronar, pero se ha divertido montones. Algunas mujeres, me cuenta, ni siquiera ponen su foto ni hacen explícito lo que buscan. Otras cuelgan imágenes de atardeceres, flores o playas. A las preguntas específicas responden: “Prefiero no decirlo”. Esperan una idílica mezcla de amor cortés con magia, un ser sobrenatural capaz de percibir que ella sí vale la pena para una “relación seria”. Muchas exigen antesala para hablar por teléfono; tomar un café requiere paciencia y persistencia. Y eso que para evitar confusiones y desconfianza él hizo explícito que buscaba pareja estable y no “rollos de una noche”. También ha coleccionado perlas.

Desde Castilla profunda recibió un like de Genara, separada con dos hijos.

—Hola. Espero que planees pronto un viaje a Madrid —comentó él.

—Depende de si voy para encontrar allá al hombre adecuado.

—¡Caramba! ¿Y cómo podríamos movernos en esa dirección? ¿Prefieres charlar o escribir?

—Escribir.

—Podríamos intentar hablar. Mi WhatsApp es…

—¿Qué es WhatsApp? Yo solo uso correo electrónico. Además, nos acabamos de contactar y apenas te conozco. Pero puedes contarme tu vida por acá.

“Me encantaría volver a ilusionarme y compartir bonitos momentos con alguien que defienda honestidad, fidelidad y respeto. Abstenerse, príncipes azules…”, proclama una gallega. Otra divorciada de un mujeriego que le ponía los cuernos con una vecina, amiga íntima, le dijo: “A mí realmente no me interesa tener sexo con alguien que conozca por redes… Claro que si es un caballero que me hace tener ganas de sexo, eso sería otra cosa”.

Rumiando tales testimonios, él concluye que muchas de esas mujeres son hijas de la dictadura franquista y por ende en extremo mojigatas. Dice que tratará de hacerle el quite al pudor femenino con exalumnas de colegios extranjeros. Yo le advierto que no se entusiasme mucho. Le recuerdo que Wolinski, el genial caricaturista de Charlie Hebdo, se enamoró de una francesa liberada por la época en que bailaba desnudo con Reiser en las mesas de los restaurantes y después salían a ver al otro haciendo el amor con una joven recién conocida. Al final de su vida, a Wolinski lo criticaba su exesposa, feminista implacable, llamándolo misógino porque seguía dibujando cuerpos de mujeres. C’est la vie!

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