Por: José Fernando Isaza

Romper el termómetro o matar al mensajero

EN LA ÉPOCA DE LA DICTADURA DE Franco, circulaba la siguiente anécdota. En una especie de consejo comunal reunido en Barcelona, el dictador explicaba el excelente estado de las carreteras y en particular la vía Madrid-Barcelona; a diferencia de las reuniones similares que se realizan en Colombia, parece que no habían controlado bien la selección de los invitados, y uno de ellos dice, ayer me vine por esa carretera desde Madrid y el camino es un verdadero desastre; lea más prensa y viaje menos fue la respuesta del jefe de Estado.

No se supo si fue detenido o acusado de terrorista. Algo similar ocurre acá cuando la realidad no concuerda con la visión oficial. Por ejemplo si el número de desplazados aumenta, desprestigia y cambia la entidad que hace la medición. Para reducir los niveles de desempleo fue necesario despedir a dos directores del DANE. El fracaso de la política de fumigación y erradicación de los cocales, se soluciona desvirtuando el informe de Naciones Unidas y por supuesto anunciando el cambio de este organismo.

El estudio de la oficina contra la droga y el delito de Naciones Unidas, ostenta el escudo y la anotación “Gobierno de Colombia”; señala que en el período 2002-2007, el área de coca se redujo de 102.000 hectáreas a 99.000. Para lograr la reducción de 3.000 se fumigaron 531.000 y se erradicaron manualmente 144.000 hectáreas, para un total de 675.000. Para disminuir 1 hectárea de hoja de coca se fumigaron o erradicaron 225 hectáreas.

Los resultados del año 2007, son decepcionantes. Muestran un aumento del 27% en el área sembrada de coca, un crecimiento de 21.000 hectáreas, a pesar de erradicar manualmente 66.805 y asperjar 153.135. Fue el año de mayor fumigación y de mayor crecimiento del área cultivada. Algunos cínicos se preguntan si se fumigó con abono y si podaron las matas en lugar de erradicarlas.

El fracaso de la política de control de la oferta es común en los tres países andinos, el área cultivada crece de 173.000 en 2006 a 181.600 hectáreas en 2007. No es de extrañar que los precios se mantengan estables, a diferencia de los otros productos agrícolas. Así, en pesos constantes en el período 2002-2007, el kilogramo de clorhidrato de cocaína pasa de $4.389.000 a $4.567.000, reflejando que la producción crece de 580 toneladas a 600 toneladas.

Por supuesto que el consumo de cocaína es nocivo, y debe combatirse con medidas educativas, médicas y sociales, pretender erradicarlo controlando la oferta y no la demanda, es una guerra inútil. Para poner de relieve lo poco racional de la actual estrategia, es bueno recordar las palabras de Noam Chomsky, “supongamos que el Gobierno de Colombia reconoce el daño real que le hace a su población el consumo de tabaco y decide combatir no la demanda, como lo ha hecho con cierto éxito, sino la oferta y le exige a los Estados Unidos fumigar las plantaciones tabacaleras del estado de Virginia”. Posiblemente la respuesta de las autoridades americanas a esta solicitud hubiera sido una expresión similar a la del emperador del Japón cuando supo que un municipio boyacense le había declarado la guerra al imperio: “Monday na”. La expresión hace referencia a tener un producto de gallinero.

Es bueno reconocer que mejores resultados se han tenido en la disminución de cultivos de amapola, que se reducen de 4.100 hectáreas a 714, no porque haya disminuido el consumo, sino por la recuperación de las áreas en Afganistán. La invasión americana a ese país, ha ido acompañada de un crecimiento del área cultivada de 74.100 hectáreas a 193.000 abasteciendo a precios estables la creciente demanda que llega hoy a 733 toneladas por año.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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