Por: Héctor Abad Faciolince

Rosarios en Palacio

LOS MISTERIOS QUE VAMOS A CONtemplar hoy son los de la religiosidad en la Casa de Nariño. Hasta no hace mucho tiempo la impresión que daba el señor Presidente era que él enfocaba el tema de la religión con un criterio pragmático:

¿cuántos voticos tiene la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional? Doscientos mil. ¿Y cómo se llama el partido de ellos? Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, Mira. Avemaría, hay que rezar con su pastora, doña Alexandra Moreno Piraquive, y animar a ese rebaño acompañándolo en algún acto político y hasta en alguna liturgia. Existen fotos del señor Presidente, con las palmas de las manos giradas hacia el cielo, recibiendo las gracias espirituales del más allá y los dones electorales del más acá.

 Así como el calvinista Enrique IV se hizo pasar por católico para poder ser rey de Francia (“París bien vale una misa”), a veces da la impresión de que el presidente Uribe se hace pasar por lo que sea con tal de poder seguir gobernando a Colombia.

Hay que ver su discurso (está en la página oficial de la Presidencia de la República) en el estadio El Campín, hace unos años, ante otra congregación religiosa reformista, la Misión Carismática Internacional y el Partido Nacional Cristiano. Estos sí que tienen voticos, pues sus fieles en Colombia, al parecer, llegan al millón.

 Pues bien, esto contaba el presidente Uribe en su discurso: “César y su señora Claudia [Rodríguez de Castellanos, hoy senadora], todos los lunes están pendientes de llegar a la Casa de Nariño antes del Consejo de Ministros, sentarse conmigo unos minuticos, leer textos de la Biblia y aconsejarme con una oración.

 Casi todos los pecados se deberían confesar en público, casi todos. Yo les voy a confesar uno. Los lunes que no se ha dado esa reunión ha sido por culpa mía, porque ellos siempre han sido muy cumplidos.”

 Improvisándose teólogo el Presidente afirma que “casi todos” los pecados se deben confesar en público. Si los lunes son de los protestantes, los miércoles han de ser los de las confesiones en privado, pues según la misma página de la Presidencia, es este día cuando “se celebra el santo rosario en la Casa de Nariño”, y el rosario es un rezo típicamente católico.

 Si uno mira las fotos de esos miércoles del rosario, puede verse al Presidente con el Nuncio Apostólico, con César Mauricio Velásquez, el secretario de prensa (y connotado numerario del Opus Dei), o con insignes visitantes extranjeros. El último fue un señor de Londres, de la Cofradía de Nuestra Señora del Santuario de Willesden, John Rick Milller, muy cercano también al Opus, pues en ese santuario se venera una imagen de San Josemaría Escrivá.

Si los miércoles son el día del rosario en Palacio, quiere decir que los misterios que celebran allí son los Gloriosos. He averiguado, y asistir al rosario no es obligatorio, pese a que César Mauricio le pone a estas letanías más entusiasmo que al mismo manual de patriotismo para periodistas remisos. Como ustedes saben, el primero de los misterios Gloriosos es el de la Resurrección del Señor.

 No quiero ser mal pensado, pero entre resurrección y reelección hay muy pocas letras de distancia. Y como el Gobierno está en los gloriosos de las encuestas, me parece que, además de la reelección del señor, también se deben contemplar los misterios de la nueva ascensión y coronación.

Daniel Samper Pizano señaló una vez la frase que durante algún tiempo presidía la página web del Gobierno: “Cuando el pueblo colombiano despierte, cuando el pueblo colombiano anochezca, tiene que pensar en Dios, en la Virgen María y en su Ejército.” No sé por qué la quitaron. Lo que sí me pregunto es qué queda del Estado laico, y de la separación entre la Iglesia y el Estado, con un gobierno que se congrega a rezar el rosario todos los miércoles. A veces me pregunto si no nos estará gobernando una especie de reencarnación del Generalísimo Franco, con su cofradía de funcionarios del Opus Dei.

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