Por: Aldo Civico

Rudolph Giuliani y la seguridad urbana

EN LA MEDIDA EN QUE AVANZAN los diálogos de paz en Cuba, los políticos colombianos están presentando al crimen organizado como el gran perturbador de la paz como pretexto para militarizar las ciudades.

Recorriendo las calles de Medellín, el presidente Santos anunció un nuevo plan piloto para combatir la criminalidad. “Ya no tendremos en el futuro que tener 14.000 soldados allá en el Caguán... sino que tendremos 14.000 hombres cuidando a nuestros ciudadanos aquí en Medellín...”, dijo el presidente. Pobre Medellín: otra vez se convierte en un laboratorio de seguridad. 

Excitados por el nuevo plan piloto, el presidente Santos y el alcalde Gaviria hasta resucitaron a Rudolph Giuliani, el exalcalde de Nueva York, quien hoy en día tiene poca incidencia política en Estados Unidos, pero sí logra cobrar costosas asesorías en el exterior.

La leyenda popular acredita a Giuliani la reducción del crimen en Nueva York, gracias a la llamada teoría de “la ventana rota”. Efectivamente, el crimen en la Gran Manzana disminuyó drásticamente en los años noventa. Pero no fue debido a la política de Giuliani, la cual, por el contrario —como lo han señalados recientes estudios académicos de las universidades de Chicago y California— trajo más daños que beneficios a la ciudad de Nueva York.

De hecho, esta política terminó golpeando a los pobres y a las minorías étnicas, saturando las cárceles con consumidores de marihuana. En realidad, fue la importante diminución del desempleo lo que causó la reducción del crimen. Giuliani se ha cuidado de alimentar la leyenda.

Por otro lado, el Ministerio de Defensa ha anunciado la adquisición de vehículos tácticos blindados llamados Sandcat; son pequeños tanques aptos para operaciones urbanas. Otro paso hacia la militarización de las ciudades del país.

El paradigma de la seguridad urbana en Colombia parece estar plasmado por la convicción de que más videocámaras, más pie de fuerza, más vehículos tácticos es la respuesta eficaz a los desafíos del crimen organizado. Es un paradigma obsoleto, profesado sólo por los belicistas.

Hasta en América Central y México se han convencido de que la política de tolerancia cero no trae seguridad, sino más desorden y violencia. Incluso agencias como Usaid, el Banco Mundial y el BID están haciendo énfasis hoy en la construcción de comunidad para la promoción de la seguridad ciudadana.

Eso vale también para EE.UU., donde la militarización de la Policía en los últimos años es hoy fuertemente cuestionada. De hecho, esta militarización ha profundizado la brecha de desconfianza entre las comunidades y la Policía. Los barrios se han convertido en un teatro de guerra, y la población en un enemigo.

En seguridad urbana, Colombia tiene que ponerse al día con las buenas prácticas y las estrategias innovadoras que hay en el mundo. Porque es contradictorio e ineficaz querer firmar la paz con la guerrilla y militarizar las ciudades.

 

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