Por: Luis Carvajal Basto

Rumorología

Algo anda mal cuando al interpretar los sucesos políticos el análisis se reduce a reproducir comentarios o a ofrecer versiones de ellos y no a estudiar sus efectos y el real acontecer de nuestro país.

Cuando creíamos superadas las épocas del análisis político reducido a la “manzanilla”, es un claro retroceso que muchos opinadores se dejen llevar por “teorías” que se construyen en cafés y peluquerías.

La rumorología, contrario a lo que  comúnmente se afirma, no alcanza estatus de ciencia. Apenas es una técnica que se encarga de  hacer un inventario y modelar los detalles de la comunicación no formal, la cual  adquiere importancia en ausencia de  información suficiente. Ello no niega su papel en el funcionamiento de organizaciones y también en las percepciones de la gente las cuales terminan influyendo en sus preferencias políticas.

Sin profundizar en los fundamentos éticos que pueda tener quien usa el chisme como argumento de campaña para llegar al gobierno o ejercerlo, verdaderos objetos de estudio de la Ciencia Política, puede decirse que es un elemento adicional , entre muchos, que tiene efectos en la imagen que construimos acerca de instituciones y personas. En el proceso de percepción. Ese es su alcance.

En la  Colombia  contemporánea, al igual que en muchos países en proceso de maduración institucional, los sucesos políticos no siempre se mueven por causes debidamente reglados, lo cual aumenta el poder de desinformación  mediante cotilleos o chismes. Eso ocurre, para citar un caso, con la conformación de  los gabinetes ministeriales y los altos cargos que perteneciendo a la discrecionalidad de los Presidentes, de alguna manera representan, o deberían representar, a las fuerzas políticas, aunque no solo a ellas en un periodo de crisis de los partidos y en el que la opinión pública es cada vez más importante.

Seguramente esa es la razón para que,  apenas comenzando el gobierno Santos, ministros como Germán Vargas o Rodrigo Rivera recibieran los embates de sus presuntas “contrapartes”, uno por ser crítico del ex Presidente Uribe y el otro por ser su amigo. A falta de información suficiente, estos ministros se han convertido en trompos de poner de sus malquerientes, sin mediar un análisis objetivo de su gestión, sea la que fuere. Los elementos de evaluación, generalmente, son actitudes gestuales o comentarios a los cuales se les adiciona la respectiva dosis de interés particular de parte de quienes los interpretan. Sin el sustento adecuado, quedan a nivel de chismes.

Lo que procede no es un análisis del tipo “quien dijo qué”, objeto  más bien de las conversaciones de algunas señoras en las peluquerías, si no uno que, por ejemplo, se pregunte acerca de la solidez de la coalición de gobierno y de si el Uribismo perdurará dentro de ella. A propósito, interpretando al Presidente Santos, a quien frecuentemente le toca  pedir que no le busquen peleas con Uribe, se puede afirmar que claro que cabe la seguridad democrática, la  que ayudó a elegir al mismo Santos, la que continúan respaldando los partidos de la coalición y los ciudadanos, mayoritariamente.

Pero del mismo modo en que se esperaría que la madurez académica e institucional del país nos permitiera informarnos con más  análisis objetivos  y hechos ,que  con comentarios con interés de parte, sería deseable que el Twitter del ex Presidente Uribe se ocupara más de los indudables avances del país durante su gobierno o proponiendo  salidas a los problemas actuales y menos de la defensa a priori de  funcionarios sindicados de corrupción, los cuales tampoco pueden ser exculpados por anticipado  sin un juicio transparente y justo, exento de presiones políticas, de revanchismo y, por supuesto, de chismes.

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