Por: Santiago Montenegro

Rusia, ¿país del futuro?

San Petersburgo. Como les ha sucedido a tantos visitantes que vienen a Rusia por primera vez, he quedado muy gratamente sorprendido por el dinamismo y vivacidad que se nota en la vida diaria, por la belleza y la limpieza de sus ciudades, por sus fantásticos museos y por la cultura de sus habitantes. Al menos en Moscú y San Petersburgo, por ningún lado se percibe la imagen de un país pobre y atrasado, y aparentemente tampoco se notan las sanciones económicas que le han impuesto recientemente Europa y los Estados Unidos.

Por el contrario, lo que sobresale es un país en movimiento, una infraestructura en construcción, con modernos edificios, vías y puentes, edificios bellamente reconstruidos e inmensos y hermosos centros comerciales. Pocas cosas podrían simbolizar mejor esta Rusia, tan distinta a la de los bolcheviques, que el espectacular conjunto arquitectónico conformado alrededor de la Plaza Roja, con el Kremlin, la Catedral de San Basilio, la Catedral de Kazán, el monumento y la tumba de Lenin, todos simbolizando el pasado de Rusia, y, en su costado oriental, el Gum, el enorme edificio histórico, hoy convertido en uno de los más lujosos centros comerciales, quizá, no solo de Rusia, sino de toda Europa, lleno de las más refinadas marcas y casas comerciales de todo el mundo.

Pero sería un error muy grande afirmar que, hoy en día, en Rusia domina la sociedad de consumo. Invitado a dar conferencias sobre la economía e historia de Colombia, en tres universidades en Moscú y San Petersburgo, tuve la oportunidad única de conversar con profesores de la vieja guardia, pero también con otros más jóvenes y con muchos estudiantes. Por supuesto, sus percepciones sobre su país varía, pero todos tienen un núcleo básico que comparten. Viejos y jóvenes, por ejemplo, tienen viva una conciencia de una “patria” con una historia milenaria y de un destino compartido, forjado en luchas y batallas victoriosas contra enemigos que los han rodeado y acechado por todas partes. Todos parecen reconocer y agradecer el altísimo precio que sus mayores pagaron por defender su país, reconocimiento sugerido en las flores frescas presentes en los monumentos y tumbas de sus héroes. Jóvenes y viejos hablan también con orgullo de sus literatos y poetas, como si fueran los miembros queridos de sus familias y, quizá, una de las cosas mas notables, es la presencia del arte, del ballet y, sobre todo, de la música por todas partes. A pesar del frío, que presagia un invierno severo, se oye música en las calles, en los parques, pero también en conciertos sobrecogedores en iglesias y teatros, y aplausos interminables a sus intérpretes.

Pero, quizá, lo más notable son sus jóvenes estudiantes, que dominan el inglés y muchos el español, todos ávidos de conocer el mundo y saber qué sucede en América Latina y también en Colombia. No conozco las tareas de otros embajadores, pero con respeto me atrevo a sugerir que todos deberían replicar la labor de nuestro embajador en Rusia, Alfonso López Caballero, que, en visitas a las universidades, a los centros culturales y a las organizaciones empresariales, está promoviendo un mayor intercambio académico y empresarial entre los dos países. Es una labor muy importante, porque, más pronto que tarde, si logra consolidarse como una sociedad abierta, Rusia ocupará, otra vez, un lugar central en el devenir de la humanidad.

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