Por: Mario Fernando Prado

Sabores de Popayán

EN UN EVENTO QUE YA SE PERFILA tan importante como la Semana Santa, Popayán —la de piedra pensativa— acaba de salir victoriosa de su octavo Congreso Nacional Gastronómico.

El pasado fin de semana, más de 500 personas entre gourmets, boquisabrosos, la plana mayor de la gastronomía, curiosos y estudiantes, colmaron los hoteles y el teatro Guillermo Valencia para cumplir con el ya casi un ritual: escuchar de cocinas y fogones, paladear los distintos sabores con que sorprenden cada vez y aprender acerca de la cultura de la buena mesa.

En este año, la cocina milenaria de China se hizo presente con sus misterios y secretos. Desde la lejana ciudad de Chengdú una decena de chefs prepararon picantísimas viandas y transmitieron sus amplios conocimientos, como por ejemplo lo que hace referencia a la ceremonia del té.

Sin embargo quien se llevó todos los aplausos fue el Departamento del Meta, como región invitada en esta oportunidad y que se vino con todo, tomándose literalmente el Congreso para mostrar su folclor, su potencial turístico y económico y su deliciosa gastronomía. El Meta deslumbró y descrestó.

Este tipo de certámenes que de todo tienen menos de elitistas y de costosos (participar costaba sólo $300.000 los tres días y la mitad para estudiantes) sirve además para rescatar raíces, para apreciar la diversidad culinaria de nuestro país, para entender que la mesa y los manteles van más allá de ser el asiento de los alimentos y para abrir los ojos en torno a una actividad exquisitamente gratificante.

Y como gran colofón, el Congreso Gastronómico de Popayán que culminó, repito, de manera exitosa su octava edición, sirve también para que Colombia y el extranjero miren con otros ojos a esta ciudad que se resiste a seguir viviendo de su pasado y que le abre las puertas al futuro de manera innovadora y creativa haciendo olvidar con ello los oscuros nubarrones que se ciernen en su vecindario.

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