Por: Hugo Sabogal

Sacacorchos sublimes

Se acercan las fiestas navideñas y es muy probable que muchos regalos corporativos y personales incluyan sacacorchos y otros adminículos para el disfrute del vino.

Estos implementos forman parte del archiconocido kit para iniciados, que se ha constituido en un presente casi de rigor. Lo que sucede es que la mayor parte de esas piezas son fabricadas de forma masiva y, por tanto, adolecen de defectos que, tarde o temprano, saltan a la vista. Lucen atractivos, pero fallan sin remedio, así contengan el reverenciado sacacorchos de dos tiempos.

Todos hemos creído que estos artefactos constituyen el último grito tecnológico. Gran error. Son útiles y han mejorado su elaboración y su precio, pero el comprador objetivo no es el profesional, sino el inexperto. Sin duda, facilita la apertura de la botella. Los más entendidos continúan confiando en el modelo clásico de una sola muesca, porque, según ellos, el secreto no está en el dispositivo, sino en el manejo.

Hace poco se desató una fiebre inusitada por poseer un sacacorchos Rabbit, que extrae el tarugo de alcornoque en pocos segundos, valiéndose de un émbolo giratorio que baja y sube mediante la acción de una manija. Aquí, el esfuerzo todavía es menor. Igual ha sucedido con los sacacorchos recargables y con los operados con gas. Estos últimos introducen un fino chorro de argón, haciendo empujar el tapón hacia afuera.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿cuál es el sacacorchos más eficiente? Desde críticos como Eric Asimov, de ‘The New York Times’, hasta los más reconocidos ‘sommeliers’, dicen que el arma perfecta para abrir botellas de vino es Code-38, un sencillo y escueto sacacorchos de un solo tiempo, diseñado y elaborado por el australiano Jeffrey Toering. Estéticamente parece una baratija. Pero, a medida que se examina, puede notarse la calidad de los materiales. La navaja para cortar las cápsulas, por ejemplo, puede extraerse con el pulgar de la misma mano con que acciona el sacacorchos. El serpenteante tirabuzón se abre paso dentro del corcho, sin herirlo de muerte. Y el punto de apoyo que se posa sobre la botella, para ejecutar el palanqueo, tiene una sola muesca, no dos.

Seguramente no lo vamos a recibir en nuestro próximo kit de aficionado. ¿Cómo conseguirlo? Toering tiene su propio portal de internet donde vende el modelo clásico por US$220 y el Pro Stealth por US$400.

Otro salto reciente es la invención y salida al mercado del Coravin, una especie de pistola ultramoderna. Su afilada aguja, por cuyo interior se inyecta gas argón, atraviesa la cápsula y el corcho, y penetra hasta el vino para sacar una copa exacta en cada servicio. Con el lema de disfrutar el vino sin abrir la botella, Coravin se ha robado la atención de cientos de entusiastas, quienes ya pueden servir o consumir el líquido sin exponer el contenido a la oxigenación.

Los últimos informes de mercado indican que Coravin se está abriendo paso entre los vendedores de vinos costosos. Una sola les alcanza para atender a diez o más clientes, asegurándose de que el vino restante se mantendrá impoluto. Aquí también estamos hablando de modelos de US$280 y US$300, sin contar con las cápsulas de gas, a razón de US$11 cada una. Seguramente, el Coravin tampoco formará parte de nuestro próximo kit de aficionado. Pero ya sabemos a qué aspirar, cuando llegue el momento.

 

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