Por: Nicolás Uribe Rueda

Salida política al conflicto

MÁS ALLÁ DEL INTERESANTE DEbate académico y político que se ha desatado alrededor de lo que significa conflicto armado y sus implicaciones para Colombia, hay un asunto que ha pasado prácticamente desapercibido y que a estas alturas de nuestra historia es un síntoma de locura crónica.

 

Es por supuesto válido preguntarse si la figura de la beligerancia está en desuso, si la declaratoria de conflicto iguala a los terroristas con los agentes de la fuerza pública, si esto va a ser utilizado por los gobiernos vecinos para apoyar a las Farc sin miramientos, si los paramilitares también hacían parte del conflicto, si es que el esfuerzo de Colombia para aplicar el DIH es de por sí un reconocimiento tácito a la existencia del conflicto, si puede haber terroristas en medio de un confrontación armada y si ahora las bacrim también son un actor relevante de la misma. Todas estas y muchas más, son consideraciones que deben hacerse en el marco de este debate y que fueron objeto de reflexión esta semana. Son preguntas necesarias para dimensionar la responsabilidad política del gobierno por su decisión y temas que enriquecen la discusión académica e iluminan la construcción de soluciones en la materia.

Pero que todavía veamos a algunos sectores insistiendo en que el reconocimiento del conflicto armado es una oportunidad para la paz con las guerrillas, sí es francamente un despropósito. Y lo es no sólo porque los hechos han sido categóricos en demostrar que cualquier concesión a estos bandidos ha terminado debilitando al Estado y alejándonos de la paz, sino porque hay pruebas explícitas de que la guerrilla nunca dejará de masacrar al pueblo colombiano. La última ha sido proporcionada a manera de confesión por los propios terroristas a través de los computadores de Reyes, cuyo análisis ha publicado esta semana un prestigioso centro de pensamiento inglés, en el cual se dice con claridad que quienes abogan por la negociación política son utilizados por esa guerrilla para distraer la atención del gobierno, mientras ellos persisten en su vocación de tomarse el poder por las armas.

Está bien que sigamos en la discusión argumentada sobre la pertinencia del reconocimiento del conflicto y sus consecuencias, o sobre lo que se quiera en materia de estrategias para derrotar el terrorismo, pero por favor, no caigamos nuevamente en la trampa de la guerrilla al darles relevancia a quienes insisten desde la legalidad en convertir en interlocutores políticos a un puñado de bandidos con quienes aseguran es posible llegar a acuerdos de paz. Lo cierto, nos guste o no, es que con o sin conflicto armado, las guerrillas son y serán terroristas y narcotraficantes a quienes debemos derrotar, porque por la vía de la negociación lo único que lograremos es la prolongación de la violencia y del sufrimiento del pueblo colombiano.

Twitter: @NicolasUribe

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