Por: Gonzalo Silva Rivas

Salta el procurador

Dice el poema de Campoamor que todo es según el color del cristal con que se mira. Y podría aplicarse al largo y oneroso pulso laboral de casi dos meses entre la Aerocivil y los controladores, que al final pareciera haber terminado a favor de la entidad, aunque no es estrictamente cierto.

El día del anuncio, su director, Santiago Castro, con tono algo jactancioso notificó que el Gobierno no había cedido un solo milímetro del techo presupuestal ofrecido desde el inicio de la negociación, y por lo tanto la mano siempre se mantuvo firme.

En efecto. Los trabajadores arrancaron con exigencias previas cercanas a los $60 mil millones, y pese a que en buena parte eran justificadas, la Aeronáutica fue enfática en advertirles que apenas disponía de un presupuesto de $13 mil millones para avalarlas. Fiel a su palabra no subió un centavo por encima de ese umbral, y con los recursos redistribuyó partidas para aliviar carencias dispersas, represadas desde hace más de una década.

El fragor de las discusiones, que con un optimista arranque Minitrabajo calculó  superar en diez días hábiles, terminó afectando a millares de pasajeros, víctimas de un auténtico calvario por la cancelación y los prolongados atrasos en los vuelos. Al final, la soga se rompió por la parte débil. La lluvia de condenas cayó sobre los controladores, a quienes la prensa y el procurador acusaron de intransigentes, de poner en jaque los intereses del país y de ser los autores del colapso que sufrió el retrasado sistema aéreo colombiano.

Pero es acá donde ganan los controladores. Sus denuncias desnudaron múltiples falencias de la Aerocivil, entidad que por su concepción debería ser eminentemente técnica, pero que a lo largo de las últimas décadas se ha convertido en cueva de Rolando, manejada con intereses políticos; con una organización administrativa precaria, escasa tecnología de punta, infraestructura exigua para atender la demanda del servicio; sin autonomía y subordinada al gobierno central.

No se sujeta a la ley porque explota laboralmente a un puñado de trabajadores sin que el Ministerio del ramo diga ni mu, y tendría que ser rentable y autosuficiente pero carece de recursos porque financia sus aeropuertos concesionados. El retraso y la ineficiencia salpican, y el procurador, tan afecto a la duda razonable, salta raudo para investigar a los controladores, quienes hicieron cumplir los planes de vuelo presentados por los pilotos. Un simple eslabón dentro de ese nudo gordiano formado por la desidia, las limitaciones del sistema aéreo nacional, el crecimiento de la aviación y los problemas meteorológicos.

[email protected]

327913

2012-02-21T23:44:48-05:00

column

2013-07-25T07:28:22-05:00

ee-admin

none

Salta el procurador

19

2811

2830

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gonzalo Silva Rivas

Conteo regresivo

La historia negra, caballero

Lotería china

Más lunático

Cogiendo altura