Por: Francisco Leal Buitrago

¿Saltimbanquis?

Colombia eligió un presidente joven y bonachón, que pretende quedar bien con todo mundo, que cuenta con un jefe (presidente eterno) en descenso de popularidad y un partido de gobierno dando tumbos por haber sido solo oposición. Nombra funcionarios por orden de su jefe, por sugerencias de quienes lo rodean o por su ojo clínico. Sus proyectos legislativos, a merced de mayorías de políticos corruptos, han sido deformados por acción o por omisión. Su incansable actividad, sin rumbo definido, le ha acarreado un descenso sin precedentes de su imagen en la opinión pública.

En este contexto, menciono episodios fundamentales para el futuro del país: 1) Acuerdo Final con las Farc, 2) contradicciones políticas y 3) nombramientos.

1) Seguir ignorando la implementación de la Reforma Rural Integral (punto uno del Acuerdo) implica reproducir problemas que atraviesan la historia nacional y provocan violencias recurrentes. Continuar improvisando con desmovilizados y no resolver dudas como la de Santrich estimulan disidencias, fortalecen las bacrim y aumentan la desconfianza de un Eln presa de su miope visión política.

2) En el Ejecutivo abundan las contradicciones políticas, como la mencionada por Rodrigo Uprimny en su reciente columna: acertado el apoyo gubernamental al pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular —con visión favorable a la ola de inmigrantes venezolanos—, en contraste con la negativa oficial de apoyar la declaración de la ONU sobre derechos de campesinos y trabajadores en zonas rurales. Esta inexplicable contradicción aumenta la tragedia campesina, atravesada por las violencias y abandonada por los gobiernos.

3) Buena parte de los nombramientos del Gobierno parecen hechos al azar o, peor aún, por escogencias que contradicen la esencia de las funciones a desempeñar. Lo ocurrido con la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica es emblemático, dado lo absurdo de los nombres escogidos. También, la condescendencia presidencial con la hipocresía del fiscal general y las relaciones con el ternado fiscal ad hoc estimulan fallos amañados.

Por su parte, frente al acertado retardo de relevar la cúpula de la Fuerza Pública, el panorama que se presenta podría traer consecuencias negativas hacia un futuro inmediato. Sin mencionar nombres sino generalidades, puede afirmarse que, aunque hay fortalezas individuales, también hay debilidades. Y estas pueden ser presa de la ignorancia del ministro de Defensa con respecto a la Fuerza Pública, pero ante todo de su posición ideológica de ultraderecha, acoplada a figuras del entorno presidencial. Igualmente, el nombramiento de viceministros de esa cartera, que desconocen el entramado militar y policial, además de haberlo sido por conveniencias familiares o personales. Todo esto se suma a la ausencia de Estado en numerosos territorios, lo que pone en entredicho la evolución positiva de la seguridad y defensa nacionales.

Y, para completar, la tendencia ideológica radical de exponentes de la reserva activa —que calificaron al comandante saliente de las FF. MM. como “cargamaletas” de Santos— cuenta con posibilidades de influir en decisiones que podrían implicar riesgos innecesarios para la seguridad nacional.

Espero —sobre todo en este caso— estar pifiado en mis apreciaciones.

* Miembro de La Paz Querida.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Francisco Leal Buitrago

Territorio, Estado y Fuerza Pública

La democracia sobrevive, pero…

Ciencia Política: 50 años

Coyuntura positiva

Orden público