Por: José Fernando Isaza

Salud

La Organización Mundial de la Salud ha divulgado la evolución, hasta el año 2012, de dos epidemias: el virus de inmunodeficiencia (VIH) y la malaria.

Los resultados son esperanzadores. El número anual de infectados con VIH desciende de 2,3 millones en 2005 a 1,6 millones en 2012. La transmisión del virus a los recién nacidos por la madre, se redujo de 550.000 a 260.000 entre 2001 y 2012.

Han funcionado las políticas públicas de salud, que estimulan el uso del condón y los tratamientos antirretrovirales (ARV). Las propuestas moralistas son ineficaces.

Los gobiernos que se preocupan por el bienestar de sus ciudadanos no aceptaron firmar acuerdos de libre comercio si estos obligaban a comprar los medicamentos ARV sólo a las grandes empresas farmacéuticas e impedían la producción de genéricos. La eficacia de los ARV llegan hoy al 96%, pero sólo el 27% de los portadores tiene el tratamiento, por tanto debe estimularse el uso del preservativo. La probabilidad de contagio de un no portador que tenga relaciones sexuales no protegidas con un portador sin tratamiento de ARV oscila entre 0,5 y 10% y depende más del sistema inmune que del número de encuentros. Modelos matemáticos permiten concluir que con profilaxis la epidemia puede extinguirse en pocas décadas, aun sin disponer de una vacuna eficaz.

Los primeros ARV tenían precios prohibitivos y su eficacia era del orden del 50%. Existía una duda sobre el efecto del ARV en un aumento del VIH, pensando que al disponer de un fármaco para una enfermedad que en el momento era mortal se reducirían las medidas de protección. Se corrieron varios modelos y se concluyó que aun si las medidas profilácticas se reducían hasta un 80%, al cabo de 10 años la población infectada disminuiría si el portador de VIH usaba el antirretroviral.

Otro éxito de las políticas públicas sensatas es la reducción del contagio y la muerte por malaria aun sin disponer de una vacuna. Se ha encontrado que la distribución de toldillos impregnados de repelente de insectos disminuye en un 20% la mortalidad infantil por malaria. Controles con insecticidas y mejores medicamentos han logrado disminuir en 60% las muertes por paludismo en América Latina y se considera posible cumplir la meta del milenio de reducirlo en 75%.

La malaria afecta anualmente a 300 millones de personas y el número de muertes puede llegar al millón. Se está buscando atacar la epidemia por métodos de ingeniería genética aplicada a los mosquitos. Se está creando un mosquito genéticamente modificado resistente a la malaria. Estos bichos y la esterilización por radiación de mosquitos susceptibles pueden ir cambiando la población de los anofeles por una especie inmune a la malaria; el proceso está en fase experimental.

En 1800, el obstetra Ignaz Semmelweis observó que si las parteras se lavaban las manos la mortalidad de la madre y el niño se reducía en 80%. Hoy muchos hospitales y centros de salud son laxos en esta profilaxis. Se estima que en EE.UU. cerca de 100.000 personas mueren anualmente por infecciones hospitalarias prevenibles (The Economist). Paul Alper inventó un chip que se coloca en los baños de los hospitales y permite monitorear si en una sección se cumple esta medida. Como la información no es individual no hay oposición al uso de este dispositivo. Lavarse las manos sigue siendo una eficaz medida de salud pública.

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