Por: Hugo Sabogal

Salud por la Mencía

Ahora que los vinos ibéricos ganan participación en esta plaza, gracias al torrente de subsidios comunitarios que ayudan a moderar los precios al consumidor final, valdría la pena explorar otras regiones peninsulares menos conocidas, como Bierzo, Ribera Sacra y Valdeorras, cuyo común denominador es el uso de la Mencía, variedad tinta con crecientes adeptos en España y el mundo.

A veces refresca salirse de la órbita de la Tempranillo, también llamada Tinta del País en Ribera del Duero y Tinta de Toro en la región central del mismo nombre, no porque sea aburrida, sino porque es el único camino para ampliar nuestros horizontes olfativos y gustativos con respecto a España.

Su área de mayor protagonismo está en Galicia, al noroeste, y en zonas portuguesas similares, donde se denomina Jaén.

Al buscar una asociación con variedades francesas clásicas, la Mencía se asemeja —y mucho— a la Cabernet Franc, cepa en constante proceso de crecimiento, particularmente en Argentina y Chile, donde se la utiliza como componente único en una nueva serie de etiquetas.

Pese a considerársela una uva productiva —y, en consecuencia, pobre a la hora de exhibir riqueza organoléptica—, la Mencía también permite obtener vinos de altísima calidad y complejidad, gracias a procesos de producción más exigentes, incluida la eliminación de racimos redundantes y la expansión de los cultivos a zonas de mayor altura.

En vinos es difícil describir exactamente lo que un degustador encontrará, tanto en aromas como en sabores. Cada persona lleva en su cabeza una pesada carga de memorias gustativas y olfativas, muy delineadas en torno a su experiencia de vida.

Una evaluación de la Mencía permite describir agradables sensaciones frutadas y florales. Y dependiendo de su estructura, puede llegar a ser tan aromática como la Pinot Noir o la Gamay, dos tipos de uva de gran delicadeza, pero, también, de gran profundidad.

Su color característico es el rojo carmesí, con tonalidades de tonos violetas en los bordes.

En nariz nos recuerda a los frutos rojos del bosque, como fresa, frambuesa y cereza, y a un reconocible acompañamiento floral.

En boca se torna especiada, con sugerencias a pimienta y a cerezas ahumadas. Esta última impronta siempre se asocia con una estructura de taninos firmes. En el caso de la Mencía, sin embargo, no invasivos.

Si bien uno puede disfrutar de una copa sin ninguna otra compañía, la Mencía resulta por demás agradable al momento de combinarla con comida.

Para mi gusto, sus vinos son esencialmente gastronómicos.

En general, los ingredientes que la potencian son las carnes y aquellos que ofrecen sensaciones especiadas.

El steak pimienta, por ejemplo, nunca falla. Igualmente se complementa con carnes asadas, ahumadas y a la brasa, y con la carne oscura de pavo. En un esquema más informal, casa a la perfección con los sánduches de pastrami.

En materia de quesos, los más recomendables son el cheddar blanco, el ibérico y el manchego.

Y en platos más elaborados, se acopla a las pimientas negra y blanca, el clavo de olor, la sábila, el ajo, la cebolla, las lentejas y el arroz salvaje, entre muchas otras posibilidades.

Como se ve, hay todo un mundo de posibilidades que gira alrededor la Mencía.

No se diga más, y vámonos del dicho al hecho.

 

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