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Salud sin cuarentena, para mi prima

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Una de las consecuencias negativas de los términos “cliché” es que la rutina nos puede llevar a la trampa de olvidar por completo su significado.

“Aplanar la curva”, por ejemplo, fue el primer término que nos llegó al debate público. La idea es que no podemos tener todos los contagios al mismo tiempo porque eso colapsaría el sistema de salud. En cambio, si “aplanamos la curva”, la “montaña” de casos se difiere en el tiempo para que en todo momento el sistema hospitalario esté operando dentro de su capacidad.

Algunos periodistas repiten el término, aunque olvidaron su significado, pues hablan de aplanar la curva pero al tiempo le reclaman al gobierno por demorarse en reducir los contagios diarios. Se les olvidó que esa era la idea, que la subida fuera lenta para que no nos llegara el pico en la tercera semana como le pasó a Italia o España. Resulta curioso que después reclamen porque la curva demora en bajar.

El concepto también lo olvidaron los alcaldes de ciudades intermedias como Cali y Manizales que, adictos a las cuarentenas, ahora declaran toques de queda generalizados buscando, según ellos mismos, “controlar el virus” (y también ley seca, aunque nadie se explica por qué).

La cuarentena puede servir para preparar el sistema de salud o para aplanar la curva, pero no para eliminar el virus. En la situación de estas ciudades, declarar un toque de queda generalizado es destruir los empleos que dan de comer a centenares de miles de familias mientras pateamos el problema hacia el futuro. Al tiempo, los gobernantes se dan el lujo de ignorar todo este sufrimiento con eslóganes vacíos como “Primero la vida”.

Para poner primero la vida, hay que empezar por dejar de ignorar la cantidad de personas que sufren por estragos económicos o que mueren de hambre, por detecciones tardías de enfermedades o por problemas de salud mental. En Manizales, por ejemplo, cuentan ya 22 suicidios este año, la ciudad con el índice más alto en el país, y 6 muertos por coronavirus. Poner primero la vida no es reducir las muertes de coronavirus sin importar los efectos adversos en el resto de vidas. El remedio no puede ser peor que la enfermedad.

La otra frase que se ha repetido incansablemente es que “tenemos que aprender a convivir con el virus”, pero muchos gobernantes prefieren ignorar la sugerencia y volver esa vida imposible.

Los efectos económicos que tienen las cuarentenas generalizadas en la vida de las personas, como se lo he explicado a mi prima de diez años en esta columna, son devastadores. Y como si fuera poco, los problemas no acaban con la economía. Como dice Julia Marcus, epidemióloga de la Universidad de Harvard, las cuarentenas estrictas también terminan con peores resultados en salud.

Marcus dice que en su momento las cuarentenas eran útiles para preparar el sistema de salud y la capacidad de pruebas, pero que en este punto ya son contraproducentes. Según la doctora, las aproximaciones al virus que buscan ingenuamente eliminar el riesgo, como los toques de queda, “son una oportunidad perdida de apoyar comportamientos de bajo riesgo que son más sostenibles en el largo plazo”.

El ejemplo que usa la epidemióloga es el del sida. Cuenta que las campañas basadas solo en eliminar por completo el riesgo (abstinencia) “no solo son inefectivas, sino que también están asociadas con peores indicadores en salud, en parte, porque privan a las personas de una comprensión sobre cómo reducir el riesgo si eligen tener relaciones sexuales”. Es decir, buscando eliminar por completo un riesgo que no se puede suprimir, las autoridades pierden la oportunidad de reducir el riesgo de una manera sostenible.

La epidemióloga y los economistas estamos de acuerdo en que es mejor permitir las actividades de bajo riesgo, como salir a un parque y hacer deporte al aire libre, que prohibir todo: porque muy seguramente nos enteraremos de que el entretenimiento no se eliminó, solo se tradujo en una fiesta clandestina dentro de una casa (alto riesgo).

Reducir el riesgo y educar sí, prohibir no.

Los gobernantes han creído que los encierros, las multas y el bolillo esconderán el virus: están equivocados. Necesitamos adaptarnos a una vida con el virus, los enfoques punitivos y policiales no solo destruyen la economía, también son una mala forma de abordar la salud.

Nota. Todo mi apoyo a la #AperturaBioseguraEnCali, no es ético destruir a punta de decreto los 18.000 de empleos que podrían operar de forma segura.

@tinojaramillo, martin.jaramillo@email.shc.edu

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