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El país enfrenta una compleja coyuntura. Las medidas de salubridad no han logrado controlar la contaminación del coronavirus y han generado secuelas sobre la economía que no se anticiparon y enfrentaron en forma adecuada.

La ecuación epidemiológica que se da en múltiples fenómenos de la física, la termodinámica y la economía está representada por una expresión en la que el grado de contaminación (número de contaminados) es una función exponencial de la tasa de contaminación (nuevos contaminados). La relación es el resultado de la naturaleza y solo se puede regular parcialmente. Los países exitosos son los que han podido reducir en forma sistemática la tasa de contaminación, ya sea por acciones de la naturaleza o por hospitalarias. Los procedimientos de distanciamiento general, como las cuarentas, son irregulares e inciertos.

La experiencia del último siglo y la reciente revelan dos comportamientos. En el primer caso la contaminación disminuye, el grado sube hasta alcanzar el pico y luego baja hasta desaparecer. En el segundo caso la tasa de contaminación sube, el grado de contaminación evoluciona en forma irregular y el pico de la curva se aleja y se torna incierto.

Los países que han alcanzado el pico de la curva en períodos más cortos son los que han seguido el primer camino. En contraste, los países que han seguido el segundo camino se han visto abocados a procesos irregulares en que el pico se aleja y no se sabe cuándo se alcanza.

El resultado en Colombia es desconsolador. El nivel de contagio y de muertes ha aumentado por deficiencias del sistema. El aplanamiento inicial de la curva para evitar el colapso del sistema hospitalario se hizo a cambio de distanciar el pico y hacerlo impreciso. Lo cierto es que contribuyó a aumentar los contagios y los decesos.

Las cosas tampoco han ido bien en la corrección de los efectos colaterales sobre la economía. El confinamiento se justificó en los altos círculos internacionales de la OCDE, los organismos internacionales de crédito y prestigiosos tanques del crecimiento que predecían que la reducción del ahorro causado por el confinamiento se compensaría con un aumento del endeudamiento que entraría a las economías por la vía del déficit fiscal. Se preveía que la receta provocaría una caída de la actividad productiva que se recuperaría en menos de un año. En un corto tiempo, las economías recuperarían las tendencias históricas.

¿Qué pasó? Simplemente la organización de libre mercado de la apertura que viene de atrás y el banco central fundamentado en el idealismo de mercado no contrarrestaron el monumental desbalance interno causado por el confinamiento.

La política fiscal de déficit, cercana al 10 % del PIB, la baja de la tasa de interés y los estímulos financieros no evitaron el desplome de la producción, el empleo y la distribución del ingreso. A la luz de la información del primer semestre, se estima que el producto nacional caerá 10 %, el empleo 20 % y los índices de pobreza y distribución del ingreso retrocederán varios años.

Tanto en la salud como en la economía se observan fallas teóricas que deben remediarse. Es necesario que los esfuerzos epidemiológicos se concentren en la reducción de la tasa de contaminación mediante procedimientos hospitalarios y administrativos que identifiquen, traten y separen a los pacientes. No es lógico que la entrega de los resultados supere el período de gestación del virus.

En economía no hay muchas opciones para recuperar la producción, el crecimiento y la distribución del ingreso que cambiar el modelo de independencia del Banco de la República que provoca el desbalance interno entre el gasto y el producto nacional y dispara el desempleo.

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