Por: Santiago Gamboa

¡Salvar a la derecha!

Los acontecimientos de la fuga de Aída Merlano, una historia que es sobre todo triste, muy triste, pues es la de una mujer que viene de abajo y es usada y devorada por la sobrehumana corrupción de los partidos tradicionales y los caciques de su región, y que ahora —con su final de opereta— parece culparla sólo a ella; en fin, esta tragicomedia criolla que nos tiene sumergidos entre revelaciones, videos, chistes y memes no debe hacernos olvidar el acontecimiento más importante de la política actual, que es la indagatoria a Álvaro Uribe en la Corte Suprema de Justicia el próximo 8 de octubre.

Aún no se descarta algún retruécano de última hora por parte de sus abogados para dilatar las cosas o que aparezcan problemas de procedimiento, ya que hay cerca de 48 testigos que deben hablar. Así se ha retrasado el proceso desde el 5 de septiembre de 2018, 13 meses en los cuales ya lograron que el magistrado Barceló (uno de los más temidos por Uribe) acabara su mandato sin poder indagar o juzgar al expresidente; pero si no logran interponer nada más, el senador tendrá que presentarse con cepillo de dientes en su maletín, pues podría ser detenido en caso de que se considere que su libertad puede contaminar la marcha del proceso. Ni un tipo como Uribe, curado de espantos y toreado en mil plazas, se puede sentir tranquilo ante una indagatoria así. Por eso la estrategia de sus generales más aguerridos en el Centro Democrático (CD) ha sido vociferar y levantar a las bases, inoculando la idea de que la Corte es un nido de víboras que sólo quiere cobrarle viejas cuentas a su gurú. La última defensa del CD es decir: “Si la Corte quiere que el país se incendie, deténganlo”.

Pero en mi opinión, si la Corte decide detenerlo, los más beneficiados serán ellos: precisamente la derecha democrática. Del mismo modo que la izquierda se fortaleció con el proceso de paz en la medida en que no se la siguió percibiendo y acusando de ser funcional a la guerrilla, con Uribe neutralizado, la derecha de Colombia se vería como un partido político honorable y estructurado, lejos de alguien tan contaminante y con tantas zonas de sombra. Ya he dicho que he sido siempre progresista, pues me formé en el socialismo de Felipe González y de Mitterrand, pero nada me gustaría más que tener una derecha moderna, que aun siendo contradictora merezca todo mi respeto. Como lo mereció Jacques Chirac, por poner un ejemplo, cuyo discurso fúnebre a Mitterrand, su enemigo político, es uno de los responsos más bellos y admirables que he escuchado.

Ojalá nuestra derecha se modernice y deje atrás, para siempre, ese lastre de duda que la relaciona con el paramilitarismo y la parapolítica, con el latifundismo y el desplazamiento de campesinos en zonas rurales, con los crímenes selectivos a líderes, etc. Pero para superar esa sombra debe dejar atrás a Uribe, que es quien la relaciona con lo peor de los excesos y violencias derivadas de esa orilla del país. Por eso, aunque se comprende que no puedan expresarlo en público, serán ellos los más favorecidos. Y será una cirugía probablemente dolorosa para algunos de ellos, pero, cual tumor maligno, es muy necesaria para salvar la salud de esa colectividad política y su sostenibilidad en el futuro.

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2019-10-05T00:00:36-05:00

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2019-10-05T00:15:01-05:00

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