Por: Humberto de la Calle

Samuel retoña

CREO QUE SAMUEL MORENO EMpieza a superar la peor hora de su administración. Vapuleado por todos los frentes, ahora ha tomado dos decisiones que abrirán el camino a una valoración menos negativa de su gestión.

El decreto sobre Sistema Integrado de Transporte es una pieza fundamental para el futuro de la ciudad. Es, también, un desafío político a los gremios de transportadores que, prevalidos de su poder político, instauraron el caos. Pocos alcaldes lo habían hecho. Peñalosa comenzó con el Transmilenio, pero ésta, obviamente, es una solución parcial. Algunos contertulios me dicen que por ahora se trata de un papel y nada más. Pero ahí está la guía para el futuro de la movilidad y se anuncia ya el comienzo de su ejecución paulatina. Aunque soy parte de los metro-escépticos, me agradaría estar equivocado.

El otro tema es la educación gratuita hasta el grado 11. Es un paso gigantesco. Ojalá Abel Rodríguez, un tipo decente, logre superar sus problemas.

Dejando de lado la cuestión distrital, lo que preocupa, en mirada de fondo, es que los esfuerzos  por aumentar calidad y cobertura chocan con una realidad siniestra: el sistema educativo, que debería ser punto de encuentro de la sociedad, es un instrumento de fractura colectiva. Hay un retroceso. En los años 40 todos acudían a los mismos planteles públicos, donde la transmisión policlasista de valores generaba lazos de pertenencia comunitaria. ¿Qué tiene que ver un chico que va a los colegios de estratos acomodados con sus congéneres pobres para quienes, por mucha que sea la calidad, el solo hecho de provenir de la educación pública significa un obstáculo laboral, una segregación social y la pertenencia a otro mundo? Mitterrand le ganó a Giscard d’Estaign sólo porque éste no supo, en debate televisivo, la tarifa del metro. ¿Han montado alguna vez en buseta los hijos de los ricos?

Con excepciones, como el gol a Alemania, no tenemos verdaderamente una sociedad. Colombia es un archipiélago de grupos apartados, con culturas distintas y proyectos vitales que nunca confluyen. Vidas separadas sin que en la sociedad haya un punto de encuentro. A esto se agrega que la inexistencia de un arraigo zonal de los centros escolares ha destruido la idea de barrio. Los niños acuden dispersos a sus colegios en los cuatro puntos cardinales, no cerca de sus casas. Al regreso, sólo quedan televisión y nintendo.

Sistema impositivo: claro que los ricos deben pagar más. Pero todos debemos contribuir a construir la sociedad. Ahora que se planteó el pago de la seguridad democrática, hizo carrera la idea simplista de que éste sólo corresponde a los ricos, que son los que tienen que perder. No he visto una idea más disolvente que esa.

Y, por fin, que la atención de la alta criminalidad corresponda sólo a cuerpos armados profesionales y que los hijos de los ricos sigan ausentes del servicio militar (o al menos de un servicio social), impide que la seguridad se conciba como tarea de todos.

En Suiza todos los ciudadanos pertenecen a una guarnición militar. No por deformación belicista, ni por una manía agresiva, sino porque allí también debería encontrarse la sociedad entera dentro de un concepto de seguridad humana democrática que recae sobre los hombros de todos, como que es una noción básica para conformar una sociedad viable.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Humberto de la Calle

El travieso progresismo

Señor presidente

VLL remasterizado

Vientos de guerra

“Fear”