Por: Aura Lucía Mera

¿San Francisco o el lobo?

Este cardenal argentino, que hasta hace una semana los colombianos no teníamos idea que existía, ha copado todos los titulares de prensa. Ha mejorado el rating. Ha opacado las narconovelas espeluznantes e indecentes de RCN y Caracol, que no les importa seguir haciendo apología de asesinos.

De pronto nos hemos vuelto “íntimos” de Jorge Mario o Francisco. Ya sabemos que le gusta el tango, que está cuestionado por su comportamiento en la dictadura, que tuvo una novia a los siete años, que le gusta el metro, que besa los pies de los mendigos para salir en la foto, que le falta un pulmón, que no come carne, me imagino que no fuma. Ya todos opinamos y hablamos de este che papa.

Este che sonríe, da la mano, tiene sentido del humor, le cuadra muy bien el hábito blanco y la gorrita, porque él también es redondito. El papa es nuestro. Habla español. Le gustan los pobres. Quiere una Iglesia pobre. Quiere que los cardenales aprendan a montar en bus, y a lo mejor le vende el Vaticano a los Emiratos Árabes, pues me imagino que Francisco de Asís no le hubiera jalado a dormir en el Vaticano, rodeado de estatuas, mármoles, joyas, oropeles, mausoleos, banquetes, besamanos, ni mucho menos a ser jefe de Estado, manejar bancos propios, salir a veranear a Castel Gandolfo. En fin.

¿O qué tal que sea el lobo temido disfrazado de Francisco il poverello d’Assisi? ¿Un hombre homofóbico, que ni “pu’el chiras” dejará de asomarse a ninguna monjita con ganas de ser obispa? ¿Que no permitirá el uso de ningún condón porque es mejor que sus fieles mueran de muerte natural, llámese sida, tuberculosis, gonorrea o herpes, y que no se condenen por haberse atrevido a “gozar” con una fundita de plástico en dicha sea la parte? ¿Que no permitirá jamás que una niña violada aborte? ¿Ni muchísimo menos la eutanasia, porque es obligatorio someternos a todas las torturas de la tecnología médica, tubos, respiradores, comas inducidos y vidas artificiales, que ni son vida ni son nada? ¿Dónde está el derecho a morirse dignamente en la casa, rodeado de los amigos y a lo mejor escuchando una ranchera? ¿Y que, eso sí, jamás de los jamases le dará permiso a las personas del mismo sexo que se aman, de legalizar su unión? ¿Se hará el de la oreja mocha con los pedófilos ensotanados? Porque si escarba a fondo y los vuela con un escobazo, sus “pastores” disminuirían drásticamente.

Esta es mi gran incógnita. Pero la verdad, si lobo o Francisco, lo dirá el tiempo. Mientras tanto, es refrescante que Jorge Mario Francisco nos sonría desde el balcón y nos hable de una Iglesia que vuelva a lo básico, o sea, a la verdadera enseñanza que nos dejó ese hombre revolucionario, de pelo largo, rodeado de pescadores ordinarios. Ese hombre que enseñó amor, caridad, humildad. Ese Jesús, hijo de María y José, que se revolcaría en su tumba, si no hubiera resucitado, al ver en lo que se convirtió “su Iglesia”. Amanecerá y veremos. Suerte, Francisco. Suerte, che Mario. La vas a necesitar, porque si no eres el lobo, sí estarás rodeado de ellos. Los tienes que amansar.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Aura Lucía Mera

Recreos horizontales

¿Libre personalidad?

Oiga, Mire, Lea

¡País mezquino!

¡La lupa interior!