Por: Adolfo Meisel Roca

San Jacinto I

SAN JACINTO, BOLÍVAR, ES UNA DE LAS principales poblaciones de los Montes de María.

Se trata de un pueblo con una larga tradición artesanal, destacándose en el tejido de las hamacas. Al pasar por allí se encuentran a la orilla de la carretera muchísimos locales comerciales que ofrecen esas artesanías. Esos negocios atienden a muchos de los viajeros; sin embargo, casi ninguno de éstos entra a la población. Ahora habrá un buen motivo para hacerlo: el Museo Etnoarqueológico de los Montes de María (MEMM). Hace pocos días, regresando de Sincelejo a Cartagena, decidí entrar a San Jacinto. Valió la pena.

En este momento el MEMM está ubicado en una casa de una planta, en condiciones que no son las mejores, pero la sorpresa fue conocer el sitio adonde se mudará en unos pocos días. Con muy buen criterio el alcalde actual tomó la decisión de construir una nueva sede para las oficinas de la Alcaldía y le entregó una bella casa en la plaza central, con la característica arquitectura republicana de las sabanas de Bolívar, que se construyó en 1908. Allí funcionará, además, una escuela de música, una de las actividades por las cuales también se ha destacado San Jacinto.

La colección del MEMM se ha venido formando desde hace más de 20 años con las cerámicas que iban encontrando los habitantes locales y que llevó a un grupo de jóvenes visionarios a proponer que se iniciara con esos objetos un museo municipal. Entre esos estaba Jorge Quiroz, quien es precisamente el actual director del Museo. En 1986, Quiroz y algunos otros integrantes de lo que llamaron el Comité Cívico Cultural les escribieron a los directivos del Museo del Oro en Bogotá para que los asesoraran en esa iniciativa. El Museo del Oro envió para ese efecto a un joven arqueólogo, Augusto Oyuela, quien además de cumplir con la tarea que le encomendaron, recorrió algunos de los sitios arqueológicos del lugar.

Al regresar a Bogotá, Oyuela obtuvo apoyo para iniciar una primera excavación en el sitio que denominó San Jacinto I, sitio donde encontró cerámicas, fogones y abundante material lítico. Usando datación de carbono catorce, con material vegetal, pudo constatar que las fechas más antiguas para los habitantes de ese lugar, que eran cazadores recolectores semisedentarios, se remontan unos 5.700 años antes del presente. Es decir, que en San Jacinto I se encontraron algunos de los objetos cerámicos más antiguos que se conocen en toda América. Es, pues, un sitio arqueológico de la mayor importancia y sus habitantes actuales hacen bien en organizar, con sus propios recursos, un museo donde los materiales encontrados allí y en otros sitios vecinos se puedan conservar y estudiar. Son el producto del trabajo de sus antepasados y por lo tanto elementos fundamentales de su identidad.

Es admirable que este museo haya sido el producto de la iniciativa local, de un grupo de jóvenes, que ya no lo son tanto, que durante décadas mantuvo con tesón viva esa idea. También es sorprendente el ejemplo de toda esta comunidad, pues las piezas de la colección no han sido adquiridas, sino que cuando las encuentran los sanjacinteros las llevan al Museo y reciben entonces un certificado donde consta que son socios de este proyecto. Este es un magnífico ejemplo de las cosas buenas que se pueden lograr con la descentralización.

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