Sanguijuelas Ruta del Sol 2

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La semana pasada escribí una columna titulada “Me queda todo muy claro: sanguijuelas”, en la que expuse varios correos electrónicos, vulgares todos, cuando se estaban licitando en el país la Ruta del Sol 2 y 3, en donde los más altos directivos de Corficolombiana, empresa controlada por el Grupo Aval-Sarmiento, quisieron fraguar junto a Odebrecht un cartel para repartirse las licitaciones, defraudar al Estado, violar las reglas de la contratación, vulnerar la libre competencia y, claro está, apropiarse injustificadamente del patrimonio público; es decir, robarnos a usted, a mí y a todos.

Lo anterior no es nada distinto a la jugarreta de algunos empresarios, incluyendo varios de los más afamados, en la que, tratándose de compras públicas, nos cobran más por lo que vale menos. Eso es lo que ellos denominan un “buen negocio”, que equivale a un atraco a mano armada o, mejor dicho, un “atraco a licitación armada”. Se trata de amañar pliegos, comprar funcionarios y hacer que estos descalifiquen a sus competidores, acudiendo a todo tipo de maniobras, unas frenteras y otras más solapadas.

Y eso fue lo que ocurrió en la Ruta del Sol 2. El sobornado viceministro de Transporte ejecutó a la perfección el libreto de quienes, sobornándolo a él, compraron la voluntad del Estado o, al menos, la secuestraron.

Al final de la licitación llegaron dos consorcios. Uno, liderado por Odebrecht-Sarmiento, y otro, liderado por OHL, conocida firma española. La misión del sobornado viceministro fue la de eliminar a OHL, por cualquier razón, para que Odebrecht-Sarmiento quedara como proponente único. Un reinado con una sola candidata.

A OHL lo eliminaron porque no había acreditado la experiencia para hacer la obra. No le quisieron valer la que tenía en construcción de obras de infraestructura férrea. Extrañamente, esa experiencia no le sirvió al INCO, aunque sí servía la de construir aeropuertos, terminales de transporte y hasta redes de transporte de energía eléctrica. Hecho insólito, pues la Ruta del Sol 2 era una carretera. Así, la oferta de OHL fue considerada, habilidosamente, como “no hábil”.

Así de burda fue la sacada de taquito que le dieron a OHL en la licitación de la Ruta del Sol 2 y, en consecuencia, Odebrecht-Sarmiento quedó solo, íngrimo.

A los colombianos les han querido vender la historia de que Odebrecht-Sarmiento, aunque corruptos, se ganaron la licitación porque presentaron la mejor oferta. Y que, con corrupción o sin ella, igual debían ganarse la licitación. Incluso, sus abogados, también “reputados”, sostuvieron que la corrupción de Odebrecht-Sarmiento era de las buenas, porque, al fin y al cabo, habían presentado la mejor oferta. Tan tiernos. Es decir que eran los bonitos de la fiesta. Sin embargo, siempre han omitido que en la puerta pusieron a un viceministro para no dejar pasar a nadie más bonito que ellos.

Sépanlo de una vez por todas: la mejor oferta no era la de Odebrecht-Sarmiento; era la de OHL. Mientras los corruptos Odebrecht-Sarmiento pedían $2,1 billones, OHL pedía que el Estado les pagara $1,9 billones, cosa que supo la Superindustria, pues en la investigación se abrió el sobre de OHL y se pudieron confrontar las ofertas económicas.

A los colombianos nos costó que Odebrecht-Sarmiento hayan comprado la voluntad del Estado en US$6,5 millones y que el viceministro se las hubiera vendido, una suma equivalente a $200.000 millones (US$100 millones de esa época), más todo el daño al país por no contar aún con la obra.

Así es como en Colombia los más hambrientos permanentemente nos atracan “a licitación armada”.

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