Por: Iván Mejía Álvarez

Santísima trinidad

Primero, respetos y admiración con la Organización Ardila Lülle (OAL), modelo empresarial, gente seria, etc, etc.

Segundo, cuando la religión se refiere a “tres personas diferentes y un solo Dios verdadero” podría estar hablando del conflicto interno, de la colisión de competencias, que debe estar afrontando este grupo económico en relación con la crisis del fútbol profesional.

El Nacional, cuyo dueño es la OAL, no puede salir en público a protestar por la decisión de la Dimayor de permitir al Quindío jugar con unos imberbes el partido contra Millonarios. Nacional tiene que afrontar el tema con la solidaridad de gremio, sus colegas los directivos del fútbol rentado, porque mañana ellos podrían tener como dirigentes el mismo problema y porque en ningún caso al Nacional le interesa ser mirado por sus pares dirigentes como la “oveja descarriada” que no hace común contra la Agremiación, contra los jugadores y contra quien sea por defender el negocio.

A RCN Televisión, cuyo propietario es la OAL, le salen avisos de indignación pero no dice nada. Los obligan a transmitir un partido entre Millonarios y ese “rejuntado” de muchachitos que trajo el Quindío. Ese partido, por supuesto, no tiene rating y es un engaño para el televidente que muy pronto, de seguro, apagará el televisor o hará cambio de canal. La decisión de la Dimayor afecta al propietario de los derechos de televisión en abierto y no pueden estar contentos con que les hayan cambiado las reglas de juego. Compraron un torneo profesional y les están dando ese “embuchado” del sábado pasado.

Y a Postobón, el gran patrocinador de la Liga profesional, la Liga Postobón, también de la OAL, sólo le competencias, que debe estar afrontando este grupo económico en relación con la crisis del fútbol profesional.

El Nacional, cuyo dueño es la OAL, no puede salir en público a protestar por la decisión de la Dimayor de permitir al Quindío jugar con unos imberbes el partido contra Millonarios. Nacional tiene que afrontar el tema con la solidaridad de gremio, sus colegas los directivos del fútbol rentado, porque mañana ellos podrían tener como dirigentes el mismo problema y porque en ningún caso al Nacional le interesa ser mirado por sus pares dirigentes como la “oveja descarriada” que no hace común contra la Agremiación, contra los jugadores y contra quien sea por defender el negocio.

A RCN Televisión, cuyo propietario es la OAL, le salen avisos de indignación pero no dice nada. Los obligan a transmitir un partido entre Millonarios y ese “rejuntado” de muchachitos que trajo el Quindío. Ese partido, por supuesto, no tiene rating y es un engaño para el televidente que muy pronto, de seguro, apagará el televisor o hará cambio de canal. La decisión de la Dimayor afecta al propietario de los derechos de televisión en abierto y no pueden estar contentos con que les hayan cambiado las reglas de juego. Compraron un torneo profesional y les están dando ese “embuchado” del sábado pasado.

Y a Postobón, el gran patrocinador de la Liga profesional, la Liga Postobón, también de la OAL, sólo le pueden quedar motivos de enojo e indignación pues compraron un campeonato profesional por el que pagaron 50.000 millones de pesos y ahora les salen con este tipo de partiditos, con esta falta de seriedad y respeto. Tienen que sentirse inmensamente engañados cuando adelantaron 25.000 millones para que el fútbol profesional se pusiera serio, los equipos pagaran la seguridad social, y hoy se encuentran con que fueron engañados pues mucho dirigente avivato se gastó la plata en otras cosas y el fútbol vive una nueva dramática crisis y el 80% de los equipos son inviables y podrían ser sancionados al tenor de la Ley.

Así pues, en la OAL tienen ese chicharroncito entre manos, no pueden protestar como RCN y como Postobón porque perjudican a Nacional. Y todo esto lo único que puede generar es la pregunta clara y contundente: es correcto venderle el patrocinio del torneo a una entidad con líneas de negocios tan diferentes y donde tarde o temprano se presentará esta colisión de competencias e intereses.

Al final de cuentas, c

 

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