Por: Alberto Donadio

¿Santofimio solo?

No es justo que a los 69 años ALberto Santofimio empiece a pagar solo una condena de 24 años como coautor intelectual del asesinato de Luis Carlos Galán. Sí, solo.

¿Acaso él surgió por generación espontánea en el Partido Liberal? ¿No fueron sus dos grandes protectores dos presidentes? Alfonso López Michelsen que lo nombró ministro de Justicia a los 32 años y Julio César Turbay, el Gran Padrino, que lo defendió en 1978 cuando estaba preso por firmar como presidente de la Cámara más de 600 contratos de “servicios técnicos”, algunos con menores de edad, muertos e inválidos. “Quienes acusaron a Santofimio Botero, fueron sus oponentes políticos en el Tolima”, indicó Turbay, que por ese motivo cierto desatendió el meollo del asunto —la falsedad en documento público— y se solidarizó con Santofimio. El delito no le importaba al Harmano Gulito. Cuando el hijo del corresponsal de El Tiempo en Ibagué, en cuestión de poquísimos años, pasó de la presidencia de la Cámara a ponerse al servicio de Pablo Escobar, se graduó de la delincuencia de cuello blanco —las falsificaciones— a la delincuencia de tiro al blanco, pero siguió contando con el aval tácito de Turbay. ¿Acaso hubo, temprana o tardía, alguna descalificación pública de Turbay o de López contra Santofimio, el empleado de Escobar?

Turbay y López tuvieron responsabilidad política en el grado de Santofimio. Los líos penales de Santofimio comenzaron en 1977, hace 34 años. Primero fueron los contratos, luego la adulteración de microfilmes de sus cuentas en el Banco Cafetero, luego el Proceso 8.000 y ahora la condena por el asesinato de Galán.

¿Por qué el país tuvo que soportar su presencia en la vida pública por tanto tiempo? En parte por el silencio de los jefes, de la dirección liberal, de la comisión política central, de los prohombres del partido. Por la complicidad implícita del partido.

No es una cuestión moral. No avanza, no progresa un país con la rémora de un delincuente redomado que por cuarenta años actúa en la vida pública. Por el lastre de un pícaro. Un pícaro y un demagogo sin humor, que en un discurso en 1977 dijo: “Por cada oligarca que me calumnie, brotarán de la entraña del pueblo miles de guerrilleros liberales a combatir con mi bandera”. Saúl Pineda, un santofimista del Tolima, dijo sobre su jefe: “Yo me corrompí de viejo, pero este joven nació ya podrido” (Alberto Mendoza Morales, El Espectador, 25-I-78, p. 8A).

La victoria pírrica de la justicia vale de algo si el Inpec lleva a Santofimio de ciudad en ciudad para que cuente en la plaza pública quiénes fueron sus cómplices en el Partido Liberal. Conectado, eso sí, a un detector de mentiras.

 

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