Por: Nicolás Uribe Rueda

¿Santos chavista?

PARA MUCHOS COLOMBIANOS NAda o casi nada de lo que sucede en Venezuela nos parece democrático. Un régimen arbitrario, populista y corrupto no puede actuar con justicia y en beneficio de los ciudadanos, aquellos que de principio a fin resultan ser sus principales víctimas. Hasta las generaciones aún no nacidas de venezolanos vivirán en carne propia las consecuencias de los desmanes y abusos de un gobierno que no tiene problema en hacerlos pagar por décadas sus afrentas institucionales.

Pero no sólo en el interior de sus fronteras y con efecto en sus ciudadanos es que tiene impacto este comportamiento obstinadamente autoritario. En las relaciones exteriores también se manifiestan los abusos y atropellos cometidos. Basta mencionar el ejemplo reciente del apoyo irracional que Chávez profesa por Gadafi o sus oscuras relaciones con cierto líder iraní. Los colombianos hemos padecido por años la alineación de intereses entre las Farc y un gobierno que se deja seducir por sus prácticas narcoterroristas y sus cantos de sirena. Venezuela ha preferido aliarse con la guerrilla en contra del pueblo colombiano antes que trabajar con nuestro gobierno en su derrota.

Antes de ser presidente, Santos sabía todo esto con profundidad. Y lo sabía porque su formación no permite ambigüedades ideológicas ni tentaciones totalitarias. Lo sabía porque comprobó a lo largo de su vida pública que lo que sucede en Venezuela no solamente es un esperpento ideológico con consecuencias nefastas en la vida de los ciudadanos, sino porque fue testigo de la estrecha relación de Chávez con una guerrilla a quien protegió, escondió e incentivó para que siguiera en su intentona narcoterrorista. Antes que un enfrentamiento con Uribe, Chávez lo tuvo con Santos, quien desde los medios denunciaba la debacle institucional de Venezuela.

Pero ahora Santos es presidente de Colombia y no puede decir todo lo que sabe o todo lo que quiere, como lo hacía cuando era periodista. Y aunque esté consciente de lo que pasa en la frontera, no conviene que lo diga y mucho menos en Europa. El presidente Santos sabe que debe tramitar preocupaciones comerciales y de integración en muchos campos antes que entrar en una controversia pública con nefastas consecuencias económicas y sin ningún avance concreto en materia de seguridad nacional. Es probable que todo lo malo que se diga de Chávez sea cierto y con posibilidades aun de que resulte corto frente al tamaño de los desmanes y arbitrariedades cometidas en más de 12 años de gobierno. Pero esto no significa que Colombia tenga el deber moral de denunciarlo de manera permanente. Uribe también tuvo su luna de miel, y como Santos sabía de sobra que Chávez conspiraba en contra suya, apoyando a grupos terroristas.

Si no hubiera sido Santos sino otro, podríamos pensar que fue hechizado por los “atributos” del chavismo y sus mentiras. Pero quien así piense es porque no conoce a nuestro presidente. De sus declaraciones en Europa sobre Chávez y la guerrilla, lo úniez con una guerrilla a quien protegió, escondió e incentivó para que siguiera en su intentona narcoterrorista. Antes que un enfrentamiento con Uribe, Chávez lo tuvo con Santos, quien desde los medios denunciaba la debacle institucional de Venezuela.

Pero ahora Santos es presidente de Colombia y no puede decir todo lo que sabe o todo lo que quiere, como lo hacía cuando era periodista. Y aunque esté consciente de lo que pasa en la frontera, no conviene que lo diga y mucho menos en Europa. El presidente Santos sabe que debe tramitar preocupaciones comerciales y de integración en muchos campos antes que entrar en una controversia pública con nefastas consecuencias económicas y sin ningún avance concreto en materia de seguridad nacional. Es probable que todo lo malo que se diga de Chávez sea cierto y con posibilidades aun de que resulte corto frente al tamaño de los desmanes y arbitrariedades cometidas en más de 12 años de gobierno. Pero esto no significa que Colombia tenga el deber moral de denunciarlo de manera permanente. Uribe también tuvo su luna de miel, y como Santos sabía de sobra que Chávez conspiraba en contra suya, apoyando a grupos terroristas.

Si no hubiera sido Santos sino otro, podríamos pensar que fue hechizado por los “atributos” del chavismo y sus mentiras. Pero quien así piense es porque no conoce a nuestro presidente. De sus declaraciones en Europa sobre Chávez y la guerrilla, lo único que puede desprender

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Uribe Rueda

Como niños

Indiferencia

Dosis de solidaridad

Votaré mañana

Posmermelada